La banda que conduce el siempre inquieto Howe Gelb regresaba este mayo con un “Heartbreak Pass» que si bien comparte con «Tucson» el carácter poliédrico (nótese el significativo detalle de elevar esta vez el Giant a la 3ª potencia), se distingue por ser un conjunto menos disperso y por contener unos textos confesionales cargados de imágenes, además de un cierto aroma a recapitulación por su 30º aniversario.

3 bloques dividen el disco en cuanto a su revestimiento y color y otros tantos estados de ánimo se reparten el metraje: pérdida, abandono y aceptación. Acaso los tres que han marcado su existencia y la nuestra (mía).

El disco se asemeja a un largo viaje de ida y vuelta. Un viaje con inevitables paradas en el tiempo y el espacio, cargado de emociones y paisajes, con sus correspondientes picos y sus valles.
Every now and then” es una de las más destacadas, innecesario ajuste de cuentas con los ex-compañeros de Calexico en el que demuestra, además de su dominio por las sonoridades fronterizas, que nadie es imprescindible (“Every now and then, a fellow comes along”).
Man on a string” es una taciturna balada, superior a la versión incluída en «Dust Bowl«, que, junto con “Texting Feist” y “Home Sweat home”, evidencia su aproximación al universo Coheniano postulándose como su principal emisario en el desierto. Maravillosa.

En la citada “Home Sweat Home”, además, retrata las vicisitudes de un músico en constante movimiento, a veces desubicado y atrapado en el tiempo, a punto de perder la razón y deseando volver a casa. “Hurtin’ habbit” es pura rabia, en ella viene a decirnos que amar es sufrir, y dejando de lado la obviedad, uno no puedo sino asentir con la cabeza al tiempo que se dispara una frenética guitarra electrificada.
En la preciosa y reflexiva “Pen to paper” aborda el propio hecho de escribir canciones (“de manera bella pero brutal escribe lo que no puede ser dicho”). Sentado al piano Howe alcanza cotas de emoción próximas al escalofrío, bordeando la siempre odiosa frontera del lounge consigue estremecernos con intuitiva hondura y un fraseo tan característico como imperfecto.
En «House in order» avanza perezosamente, acústica en ristre, hacia cadencias emocionales remotas, exóticas, con un realismo lírico que eriza el vello, para desembocar en un «Gypsy candle» que alcanza la cumbre sin moverse del piano, con un motivo seductor que se viene repitiendo en el tercio final del disco. Luego hace saltar la canción, la echa a volar capturando el paisaje de manera cinematográfica y finalmente aterrizar en un «Done» con el que puede despedirse más que satisfecho. Al menos por una temporada.

Demuestra pues que se pueden cumplir tres décadas en la brecha y mantener la credibilidad sin ser complaciente. Y es que Howe Gelb, y por extensión cualquiera de sus encarnaciones, tiene esa cosa, llamémosle duende, que marca la diferencia.

Every Now And Then

Texto e Ilustración por Zorro
Artículo aparecido en el nº 3 del Magazine Rock I+D

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