Los Groovies son la mejor banda
de rockandroll de todas las mejores
bandas de rockandroll

Jaime Gonzalo, ex-director de Ruta 66

Si esto lo decía a propósito de “Way over my head”, pieza de pop incandescente pero menor y ya de su última y menos satisfactoria etapa, qué hubiera dicho de comentar alguno de sus temas mas logrados y flamígeros.

Es verdad que esto es una afirmación maximalista, realizada por un fan enfebrecido al toparse con un nuevo artefacto groovico, pero qué sería del rock sin alabanzas desmedidas como éstas, sin esos egos más consistentes que la ciudad de Petra, ¡¡si hasta Liam Gallager, el payaso de los Oasis se autoproclamaba a la altura de Lennon y Elvis!

Como siempre, como en todo estas manifestaciones epopéyicas alimentadas por la subjetividad más recalcitrante habrá que considerarlas a medias y acompañadas de una sonrisa de complicidad; ponderadas según el criterio y las sensaciones de cada cual, habremos de asentir el aserto que ya nos regalara nuestro antiguo profesor de Química de segundo de BUP, Don Manuel Serrano, de que “nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color del cristal con que se mira”.

Sí es cierto que los Groovies fueron (lo que queda ya sólo es un remedo insignificante de su grandeza pretérita) una banda ejemplar en las actitudes, talentosa y exquisita a la hora de la revisitación y memorable en la composición. Consiguieron como pocos conjugar la eterna y determinante dualidad StonesBeatles con una clase inigualable, respetaron la tradición y fomentaron una devoción desmedida por el rock and roll clásico cuando todo empezaba a fenecer en pos de un sinfonismo inane, fueron vehementes en la interpretación en directo, donde alcanzaron su verdadero potencial y se autoexcluyeron de la dictadura de las modas de las cuales siempre renegaron. Ante todo fueron fans que hicieron de pasión virtud, que tocaban música para divertirse y poder escapar de la rutina que atenaza la vida de la mayor parte de los mortales; fueron festivos y hedonistas y buena parte de su mundo se reducía al aspecto lúdico de una existencia en la que no dudaban en perseguir cabezas adolescentes alocadas con canallas como Kim Fowley o proclamar en brillantes canciones que era frenética acción lo que necesitaban para estar eternamente felices y dichosos.

Los descubrí a propósito de “One night stand”, un refrito de antiguos éxitos, producido desde Australia por un fan, Meter Noble, que les dio la penúltima oportunidad donde resarcirse de un pasado reciente drogota y de expolio en los derechos de autor. En “One night stand” estaban confinadas perlas del calibre de “Shake some action”, “Slow Death” y algunas, magníficas, versiones de héroes como los Hoodo Gurus, The Who o Paul Revere and the Raiders. Informado de que en la banda sólo había dos componentes originales, Jordan y Alexander, y de que el guitarra y el batería eran dos mercenarios jóvenes a sueldo que estaban en las antípodas estilísticas de antiguos groovies, me dispuse a zambullirme en el universo de los de San Francisco sin dudarlo ni un instante. Si con esos mimbres “One nigt stand “ era un engendro altamente elocuente y disfrutable, me chupaba los dedos de sólo pensar lo que me podría encontrar accediendo a sus referencias míticas, aquellas acompañadas del semiactor Roy Loney o con el armonioso Wilson en su fecunda etapa británica al cobijo del gran Dave Edmund .

A partir de entonces me convertí en un fanático de los Flamin’ Groovies, adoptando en su nombre mi pseudónimo de guerra en cuestiones rockandrolleras, persiguiendo cualquier disco, reseña literaria, noticia en la que se descifrara los porqués del mito que les acompaña como leyenda de culto. Incluso durante años lucí orgulloso camiseta serigrafiada, vía fotocopiadora chapucera, con el frontal de esa obra maestra 5 estrellas, ese alegato guitarrero con más cool que la discografía completa de Miles Davis, que atiende por Now.

Me hubiera gustado extenderme más, contar algunas anécdotas que me ocurrieron en su nombre, mis problemas con una casa de discos de Madrid donde me hice con el Supersnazz o cómo gastarse los pocos dineros que se tienen de estudiante en importar discos desde Australia a más de 12 euros de los de 1988, pero el tiempo apremia.

Acompañaré no obstante toda la discografía oficial de los geniales…FLAMIN’ GROOVIES!!!!

SNEAKERS (1968. Reedic. Munster Rds.)

Extended Play grabado en 1968, primera referencia groovie después de dejar atrás el nombre de Lost and found. La influencia del frontman Roy Loney, célula rockandrollera del grupo y artista diletante, se deja notar. Siete temas que divergen estilísticamente entre el country rock (“Golden clouds“) hasta el ragga ( “My yada“) pasando por el r&b psychedélico west coast (“The slide“) o el beat irresistible ( “I’ m drowning”).Los Groovies todavía parecían más una orquesta de salón capaz de poder con cualquier cosa que una banda que decididamente ha encontrado su rumbo.

Aún así debe considerarse un frugal y sabroso entremés.

SUPERSNAZZ (1969, Sundazed)

Si alguien ha comprado alguna vez en la tienda de Madrid Escridiscos le sonará la portada ya que es utilizada como bolsa de compra. Su mejor carátula y la más definitoria de la idiosincrasia groovie: 5 muñecos con sonrisas de oreja a oreja asiendo botellas de gas, cubos ardientes y cartuchos de dinamita a modo de baquetas. Ese espíritu festivo e incendiario que he comentado antes te lo encontrarás a espuertas en este magnífico decálogo de rock and roll mueve pistas ideal para poner patas a arriba cualquier fiesta mortecina y crepuscular. Sigue mandando Loney (no hay pega si firma temazos como “Love have mercy” o “The first one free“) dejando a Jordan algunas cositas de menor relevancia (“A part from that“,”Brushfire“). Entre tanto, el sándwich se complementa con algunas correctas versiones de clásicos americanos y con una excelente muestra de su poderío en las baladas (“Laure did it“).Los cimientos empiezan a ser firmes y el grupo se encuentra preparado y excelentemente engrasado para abordar empresas de mayor calado: los extraordinarios Flamingo y Teenage Head.

FLAMINGO (1970, Kama Sutra Rds)

Abandonada la estancia en Epic la banda es acogida por el label Kama Sutra, cuyo primer trabajo es este fantástico Flamingo. Uno de los pilares de la leyenda Groovie, rellenito de potentes rockandrolles al modo Loney (“Gonna rock tonite“, “Second Cousin“), elocuentes y salvajes muestras de lo que una banda en plenitud de facultades puede llegar a conseguir con dos guitarras (vaya duelo entre Tim Lynch y Ciryl Jordan), bajo y batería y de cómo el punk comienza a tomar forma bastantes años antes de que Rotten y cía escupan por primera vez al público (“Headin for the Texas border“, “Road house“). Estos tíos son unas monstruos y le pegan por igual a los estandars littlerichardianos (“Keep a knockin“) que al rockandroll, que definiendo el protopunk, como de forma inopinada e insospechada se atreven y bordan una suite psychedélica a mayor gloria del sonido Canterbury.

Están en la cima de su poderío y todos nos hemos dado cuenta.

TEENAGE HEAD (1971, Buddha Rds)

Considerada por muchos la obra capital de los Groovies etapa Loney (después de este trabajo se larga con los Phantom Movers para seguir pergeñando rockandrolles chisposos y rutilantes y renacer su etapa teatral con viejos conocidos como el actor de la película Cabaret). Sea así o no Teenage Head es tan obligatorio como Flamingo y Supersnazz y tan bueno como cualquier excelente disco que puedas llegar a recordar. Quizá sea su disco más homogéneo estilísticamente hablando, el mejor secuenciado y el más claramente stoniano, lo que pueda haberle convertido en el más apreciado y valorado. Razones, como siempre, no faltan. Desde la slides de “High Fying Baby” hasta la sentida y exilemainstreetianaWhiskey woman” todo encaja con perfecta sincronización. Teenage es rock setentero americano , ése que macera con certera combinación country, blues y garage, ése que llega a las entrañas y te hace seguir estremeciendo y disparando las glándulas sudoríparas y adrenalínicas. Mi debilidad: “Have you seen my baby?” Irresistible y espídico cover del genio Randy Newman. Un 10. A archivar junto al Sticky Finger, el Sailing Shoes de Little Feat y el Second Helping de Lynryd Skynryd.

Por Groovieland
Ilustración por Zorro de la Dehesa 

(2005, publicado originalmente en Serie B fanzine)

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