Shake some action.

Primera entrega de su etapa Beat británica producida por Dave Edmunds y su disco más conocido y valorado. Si hacemos caso a lo que se publica por ahí estamos ante el mejor disco concebido por la Invasión Británcia desde 1964, una leyenda del rock and roll desde el mismo momento de su publicación, 1976; una joya atemporal como pocas y el mejor tributo posible a los Fab4 de Liverpool.

Recapitulemos. La marcha de Loney tras Teenage Head, la detención por tráfico de cocaína de Tim Lynch y el abandono del batería Danny Mihm coloca a los Groovies al borde de la desaparición. Pero Jordan es un tipo duro de pelar que no abandona así como así y recluta para sustituirles a Chris Wilson (luego en Fortunate Son y Barracudas), James Ferrell y David Wright. El resultado es más que sorprendente por satisfactorio. Sin la perspectiva impuesta por Loney haciéndole sombra, Jordan se dedica a lo suyo, a componer en compañía de Wilson preciosas canciones pop con magníficas voces en la mejor tradición Everly Brothers, Beach Boys y Beatles de menos de 3 minutos («Sometimes«, «You tore me down«, «I can’t t hide«) que atrapan toda la magia compositiva de Lennon/McCartney sin perder un ápice de personalidad groovica.

Como he mencionado antes las canciones sintonía beat se imponen, pero queda espacio para certeros disparos rockeros ( «St .Louis Blues» y «Dont’t you lie to me«), recuerdos nada nostálgicos de un pasado feroz. Mención especial merece la canción que titula al disco, una de sus mejores canciones de siempre que es como decir una de las mejores de la historia, la perfecta canción pop, insuperable carta de presentación de un disco espléndido a pesar de excluir uno de sus temas más alabados en ese periodo, «Slow Death«. Totem pop que sin embargo, a mi parecer, se verá superado con la publicación de su posterior trabajo.



Now.

Si Shake es su disco Beatles, este es su insuperada colección Byrds. No albergo dudas, este es el mejor disco de los Groovies junto con Teenage Head, superior a Shake some action y uno de los mejores discos de rockandroll de todos los tiempos. Así, con dos cojones y un palito. Reconforta comprobar como lo atestigua también la Guía esencial del Punk y la Nueva Ola publicada por Rock Indiana.. Si esplendorosa es la versión Byrd de “Feel a whole lot better” cojonuda es «Move it«, si evocadora es «Take me back» impresionante es «Reminiscing«, si impecable es la versión Stones Paint it black«) mágica acontece «Dont’t put me on«. Luego están la saltarina y roquera «House of the blue light» y, en fin, para qué seguir. Todo aquí es sublime, perfecto, impecable.¿Y las guitarras?,¡Dios, qué guitarras!, ¡cómo suenan las de «Don’t put me on» y las de «Feel a whole«!. Y es que ésto no es un disco, es un homenaje a mayor gloria de la guitarra en todas sus modalidades.

Si no me crees, si piensa que exagero, deleítate con la foto de contraportada y hazte con este disco cuando vayas a comprarte el próximo. Lo dicho, un 11.

Jumpin’ in the nignt.

Estoy escuchando este álbum después de 20 años, pero cada nota, armonía, guitarra de 12 cuerdas está prendida en mi memoria. Vi a los Groovies una docena de veces en 1980 y en cada show me golpeaba contra las vallas. Recuerdo a los músicos tocar guitarras de 12 cuerdas y bajos de 8. Eso era poder. Eso era pop, pero no power pop, era el Apocalipsis a base de jangle, garage, Beatles, Byrds y Stones. Por aquéllos entonces los Groovies tenían mucho más que ver con The Clash (siempre, afirmo yo. Nda) que con The Knack”. Quien habla así de este disco y de los shows que acompañaron a su publicación no es cualquiera. Es Steve Wynn, responsable de uno de los mejores discos de 80’s, “Days of wine and roses” con su banda «The Dream Syndicate» y un excelente conocedor de la Historia del Rockandroll.

Último trabajo de la trilogía inglesa, Jumpin´ supone un bajón respecto a sus impresionantes precedentes. Como ya dije una vez, no se puede estar firmando obras maestras cada año. Aun así el resultado es más que apreciable. Siguen en sus trece con las versiones de Beatles y Byrds (ahora también acompañan una de Dylan, «Absolute sweet Mary» y otra de Warren Zevon, «Warewolves of London«) y los temas propios son estupendos («Jumpin’ in the Night», «First plane home«) aunque no fantásticos. Lo que no ha cambiado son las guitarras que vuelven a ser fantásticas y despegan a la atmósfera tan rápido como el ozono. Jumpin’ supone el punto final a la edad aristocrática y dorada de su existencia. A partir de este momento las deserciones, las drogas y los múltiples problemas con las discográficas harán mella definitiva en la banda. Han sido años de rockandroll, de honestidad y sacrificio, de amoríos por una forma de vida que nunca les juzgó acertadamente y siempre les negó los logros que ellos merecieron. Pero nada de eso importa a los que como yo les seguimos adorando, fieles escuderos de su andanzas, porque ellos representaron mejor que nadie la honradez y la pasión del que ama el rockandroll por encima de todas las cosas. A modo de corolario, de síntesis subjetiva, “no fueron los más grandes pero sí los mejores”.

One night stand.

De este disco ya he hablado en la introducción. Finiquitada la productiva y provechosa etapa británica, Jordan se encuentra una vez más solo en compañía de su fiel Alexander. Será otra vez un fan, Peter Noble, el que le rescate del olvido, esta vez desde Australia. One nigth stand es, como no podría ser de otra manera, una trabajo que huele a recalentado, consistente en poner al día las célebre canciones que le otorgaron prestigio y reconocimiento. Ayudados por un guitarrista más cercano al hard que al rock y el beat sesentero y por un eficiente batería, van desgranando éxitos imperecederos («Shake some action» y «Slow death) conjugados con efectivas versiones de amigos («Bittersweet«, de Hoodo Gurus) e ídolos de juventud («Kicks» de Paul Rever and the Raiders) y «Call me Lightning» (Pete Townsed, The Who) aparte de un espídico «Money» y un sensacional «Tallahassie Lassie«. El resultado lejos de defraudar nos vuelva a congraciar con una banda que ha perdido definitivamente la brillantez pero que todavía e capaz de dar coletazos de buen rockandrol y hacernos pasar un rato extraordinario. Pongánle que quien tuvo, retuvo.

Step up.

Último trabajo original conocido (bueno hay otro por ahí de título Rock Juice que es Step Up modificado) y segunda referencia tras su regeneración australina. Algo más consistente que One night stand pero menos convincente por la ausencia de joyas del calibre etapa Sire. Todavía hay trallazos («Way over my head«, «She’s got a hold on me«, «Can’t stay away from you«) que harían palidecer toda la discografía de epígonos como Fortunate Son y Barracudas, mas hace tiempo que el duende creativo de enjundia les dejó de visitar. Norma es acompañar la producción propia con excelsas versiones. En este caso los homenajeados, bien es cierto que con poco brillo, son Dave EdmundLand of the few«) y una enésima y anodina recreación del «Milcow Blues«. Si en todos sus discos hay alguna sorpresa, las de este son un sentido homenaje a Lennon con título elocuente y parco: «Thanks John» ; y un agradecido tributo a la tierra que les acogió recientemente y les brindó su cariño, «Way down Under«.


Por Groovieland
Ilustración por Zorro de la dehesa 

(2005, publicado originalmente en Serie B fanzine)

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