De entre la militancia pop granadina, sobresalían hace justo 3 temporadas los inauditos Estévez y lo que en principio pudo parecer un proyecto menor del, ejem, veterano Daniel Gominsky, acabaría siendo una sorprendente revelación concretada en el ya inolvidable El suelo muy atrás. Aquella colección emergía con la valentía del que se sabe diferente, pero con una humildad y oficio dignos solo del que ha tragado tierra.

Ejemplos como «Alucinaciones» y «Circularidad» son singles de pop pluscuamperfecto, de estribillos impolutos y excelentemente vestidos.

Ahora vuelven con Vienen a por mí (Discos Cabaña, 2016), continuación valiente, heterogénea, pero cohesionada y afianzada por una personalidad más descarada que en su predecesor. Su música de hechuras pop, en apariencia sencilla, atesora la capacidad de estremecer cuando uno enfoca el oído, pues tiene esa magnética cualidad de lo extraño e insólito, lo desconocido. Poseen Estévez una forma de hacer propia, cuya clave hemos de buscarla en sus esquivas y alucinadas melodías. Más que canciones, ilusiones auditivas. No obstante, ejemplos como «Alucinaciones» y «Circularidad» son singles de pop pluscuamperfecto, de estribillos impolutos y, a su manera, excelentemente vestidos.

Imposible ser ajeno a la espectacular Mati Balboa, identidad indiscutible de este precioso artefacto, como imposible percibir el peso del omnipresente bajo de Gominsky, nexo conductor de tal fantasía sonora fantásticamente arropada por la implicación de todo un All Star del pop granadino (Raúl Bernal, José López-Montes, Molina González, Pablo García, Chema Mercado, Chesco Ruiz, Antonio Pelomono, Miguel Martín…).

La personalidad de Estévez obliga a trazar una conexión temporal con las adoradas Vainica Doble. Pues por un lado comparten con ellas esa característica tan felina y femenina de seducirnos como quien no quiere la cosa, de atraernos aún sabiendo que, en el fondo, lo que nos espera nos aterra («Ciega Pequeña»). Por otro esa facilidad resolutiva para sonar atemporales en «Que sea contigo» (culpa también de Ferrón, maestro del género) o «No hice nada» (mi favorita).

Lo de Estévez es psicodelia bien entendida, pues aunque edifican un espacio confortable y luminoso, lo hacen huyendo de la verosimilitud levantando espejos, no sabemos si cóncavos o convexos, pues desconocemos a qué lado del reflejo estamos. Así, «De entre los muertos» es una pesadilla de garage yeyé, una fábula monocorde de serie b; mientras que «Vienen a por mí» o «Inerte» se deslizan por nuestra psique con una sutil caricia, que a servidor le sugiere único parangón en los incomparables Mercromina (acaso la mejor banda del indie español), poca broma pues.

De entre los muertos

Texto e ilustración por Barce.

Estévez - Vienen a por mí
4.0Nota Final
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