Hoy hablamos con Javier Lucini (Madrid, 1973), escritor, traductor y más que editor… atracador de bancos o asaltante de diligencias. Co-fundador junto a Nacho Reig de la editorial Dirty Works. Proveedores de historias empapadas en cerveza y bourbon, facilitadores de desventuras de gente deforme cuyo odio aún conserva la fuerza del diamante. Alguien tenía que hacer el trabajo sucio de traernos estos libros y a eso se dedican. En Más Truenos esperamos que el Hombre de Negro los ampare y que les surta de la gloria y fuerza que se merecen. Pasen y lean. 

Entrevista Más Truenos a Javier Lucini de Dirty Works Editorial

* Vamos a empezar por el principio. Cuéntanos un poco cómo nace Dirty Works.

Hacía calor. Estábamos jodidos. Bebíamos cerveza. Fue en una parada entre trenes. El desencanto nos puso entre la espada y la pared. No dejar que los bastardos nos hundieran, como en la canción de Kris Kristofferson. Hacer por fin lo que queríamos y como queríamos. Claramente, estábamos borrachos. Pudo quedarse en el típico plan ebrio de sobremesa. Pero no (o quizá sí, quizá es eso). Al día siguiente, con resaca, nos echamos al ruedo. Fue nuestra última bala. Aún vamos subidos encima de ella, como el barón de Münchhausen. A saber dónde acaba la cosa…

* ¿De dónde os viene esta fascinación por el espíritu americano en general y por el gótico sureño en particular?

En mi caso procede de la música. Años de escuchar blues y canciones de trovadores tristes. Discos de Dylan y Cohen en las estanterías de mi padre. Y mucho sonido Motown. Luego viajes por las reservas indias. Un amigo americano y la amiga que se casó con uno de Chicago. La literatura que más fatigué (como diría Borges) en mis años mozos: Carver, Bukowski, Stephen King, los Beat, Faulkner, Steinbeck… Y no tanto el espíritu americano, la gran patraña del Sueño de Lincoln (de la cabaña de troncos al Capitolio), sino su envés: los caídos, los que no llegaron, los desposeídos, los armadillos atropellados en mitad de la carretera… El basural que se esconde tras la promesa de leche y miel con la que desembarcaron mareados los padres peregrinos en la roca de Plymouth. Wenders y Kaurismaki tuvieron también mucha culpa. La visión desde fuera. Ellos fueron los que nos enseñaron realmente a mirar. Esa América. La fascinación y el desencanto. Que yo recuerde, siempre quise ser un cowboy de Leningrado.

* Vamos a hablar de autores Dirty. Jim Goad, fanzinero legendario por aquel ANSWER Me! noventero, un tipo que escribe como si fuera una ametralladora cargada de una honestidad salvaje y brutal. Un puto erudito con malísima baba que ofende a propios y extraños ya desde los agradecimientos del Manifiesto Redneck. ¿Cómo ha sido currar con semejante escritor? Cuéntanos un poco el proceso desde que cae esta obra en tus manos hasta que sale el libro a la venta. Se intuye y agradece un trabajo de traducción de dimensiones épicas.

Desde el principio fue de lo más gratificante. Ni él sabía quién tenía los derechos. La negociación fue como la seda, ya lo teníamos traducido antes de cerrar el trato y Jim no puso pegas en ningún momento, todo lo contrario. El libro lo tenía desde hacía tiempo en casa, botín de algún viaje… Cuando por fin empecé a leerlo no lo dudé ni un instante. Casi parecía una guía de lectura de Dirty Works. Veinte años después de su publicación en Estados Unidos estaba más vigente que nunca. Conocí primero el libro, luego indagaría y me enteraría de lo del ANSWER Me! Pero lo que primero me fascinó, ya digo, fue el texto, más que toda esa mitología underground del personaje. Pasó como con Crews en su día, fue publicarlo y comenzar a salir groupies y expertos de debajo de las piedras. Pero llevaba 20 años inédito y nadie le había hecho ni puto caso (salvo por el cuento incluido en el segundo volumen de Adam Parfrey, Nueva Cultura del Apocalipsis, en la gloriosa colección Intempestiva de los maestros de Valdemar). Son cosas extrañas. Recuerdo cuando sacamos Volt, otro libro que llevaba años publicado en Estados Unidos. Algún reseñista iluminado dijo que por fin alguien publicaba la extraordinaria novela de Alan Heathcock. Ni siquiera es una novela. Es un libro de relatos. Pero, en cualquier caso, se agradece el entusiasmo.

* ¿Alguna posibilidad de traer a Jim Goad por España para montar alguna movida?

Algo hay en el aire, puede que en noviembre. Estamos moviendo hilos. Él está como loco por venir. De hecho, cuando estábamos negociando los derechos nos llegó a decir que nos olvidásemos del adelanto y que le pagásemos un billete a España para celebrarlo juntos. Así que ya veremos. El libro está funcionando muy bien. Es nuestro primer bestseller, hemos agotado la primera edición y ya hemos ordenado la segunda a Kadmos, nuestra imprenta. Hablamos, no obstante, de cifras ridículas, ediciones de no más de mil ejemplares. Aún no Kenfolleteamos como los Blackie con sus Glorias Fuertes, pero en el futuro, ¿quién sabe?

Manifiesto Redneck Lucini

* Heathcock y Richard sí que han estado por aquí. ¿Alguna anécdota que se pueda contar? Si no se puede contar, dale igual, tampoco pasa nada, si va a quedar entre nosotros…

Jamás nos podríamos haber imaginado que íbamos a poder tener a estos dos monstruos juntos en Madrid para la Feria del Libro. Con los presupuestos que manejamos era también una especie de sueño ebrio. Entusiasmos etílicos de sobremesa… Alguna vez hemos dicho que publicamos autores con los que nos gustaría conversar y tomarnos unas cervezas (no son muchos). Al final, con los vivos, lo hemos hecho (con los muertos, ya lo haremos). Pero lo de Alan iba a ser fácil. Venía a dar unos cursos en Francia y traerlo desde allí aprovechando su viaje no nos iba a salir muy caro. Fue genial. Me tenéis a vuestra disposición, nos dijo, soy un currante, utilizadme para todo lo que queráis. Por otro lado, lo de Mark no tiene nombre. Se enteró de que venía Alan y se apuntó a la fiesta. Le dijimos que no teníamos ni para pagarle un metrobus, pero se apuntó igual, todo pagado de su bolsillo. Quería celebrarlo con nosotros, más de veinte años después de la publicación de su libro en Estados Unidos, unos descerebrados del otro lado del charco le desenterraban y le traducían, le volvían a despertar el gusanillo de la literatura (lleva años currando en el mundo del cine y la televisión). Y eso había que sellarlo con un brindis en persona. Al final enamoró a todo el mundo. Y resulta que Alan, que da clases de creación literaria, utilizaba en sus cursos el primer relato del libro de Mark, y estaba deseando conocerlo en persona. Así que fue perfecto. Una semana increíble. Con Servando Rocha, de La Felguera, y Carlos Arévalo, le dimos un paseo a Alan por el Madrid negro y criminal. Le entusiasmó. Él siempre ha dicho que de no ser escritor se habría dedicado a cazar fantasmas. Acabamos comiéndonos un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor, con dos cojones… Mark, antes de irse, nos regaló un cuchillo a cada uno. Él lleva el suyo siempre, allá donde vaya. Le preguntamos por qué. Su respuesta fue muy parca. Taxativa. Porque soy de Louisiana. Punto. Desde, luego, esto, Madrid, o Córdoba, donde vive mi socio, no es ni por asomo Louisiana, pero por si acaso, nos dijo, nunca se sabe… (a veces, el mundillo editorial sí es un poco bastante esa Louisiana de serpientes mocasín y cocodrilos a la que se refería Mark, así que bienvenido el cuchillo)… Son dos escritores increíbles. Volveremos a traerlos en cuanto podamos.

* De Harry Crews ya habéis publicado El amante de las cicatrices y La maldición gitana. En tus días en Acuarela ya te hiciste cargo de la traducción de la increíble Una Infancia, Cuerpo y El cantante de góspel. ¿Podemos esperar que te hagas cargo del resto del enorme catálogo de Crews para Dirty Works? ¿Alguna biografía en particular de este grandísimo y entrañable hijo de puta?

Sí, todo empezó en Acuarela, gracias a Jesús Llorente y a Lee Ranaldo. En efecto, la fiebre empezó con Cuerpo, que traduje yo, con ayuda inestimable de Jesús y Tomás Cobos. Recuerdo jornadas épicas en la oficina, intentando con ayuda de química y alcohol reproducir en castellano la jerga sureña del libro. Muchas risas. Creo que lo conseguimos, que salimos airosos de aquella locura sin resultar ni demasiado extremeños ni andaluces… Le seguiría El cantante de góspel, que no traduje yo, sino José Elías Rodríguez Cañas y, finalmente, Una Infancia, de nuevo con la traición a mi cargo… Cuando creamos Dirty Works siempre tuve en mente seguir con Harry a muerte. Y sí, nuestra idea es ir publicando poco a poco toda su obra. Hace poco estuvo por Madrid Ted Geltner con su mujer. Nos pasamos toda la tarde de cervezas y anécdotas en Tipos Infames. Es el biógrafo oficial de Harry Crews, su libro, Blood, Bone and Marrow es una maravilla que, en el futuro, seguramente publicaremos, cuando se conozca un poco más la obra de Harry en nuestro país.

* ¿Y con Larry Brown? ¿Aparecerán en Dirty Works todas las obras de Brown?

Sí. Lo mismo que con Harry. Lo descubrimos en Amor malo y feroz, publicado por Bartleby y, desde entonces ha estado siempre en nuestra mira. El primer libro de Dirty Works, Trabajo sucio, dio nombre a la editorial y marcó un poco nuestra línea. Su obra es más reducida que la de Crews. Murió muy joven. Mark Richard, que fue amigo suyo, nos contó infinidad de historias, como la del día que fueron a buscar a Crews al aeropuerto, historias con mucha cerveza, mujeres enojadas y guitarras desafinadas… No es buscado pero, al final, parece que todos nuestros libros dialogan, nuestros autores se encuentran y se emborrachan juntos.

* Complementáis los libros Dirty con muchísima información sobre vuestros autores en los Dirty Files que se pueden encontrar en vuestra página web. Allí se pueden leer auténticas joyas sobre personalidades tan salvajes y únicas como Crews, Brown, Burroughs Jr. o Zeta Acosta. ¿Compartirías con nosotros alguna anécdota especial sobre alguno de estos autores?

Está lo de la adaptación al cine de El cantante de góspel. Elvis lo leyó y quiso comprar los derechos, pero el Coronel Parker se lo desaconsejó al enterarse de la clase de pájaro que era Crews. La cosa quedó en nada y el siguiente en interesarse, también desde su reino en Las Vegas, fue Tom Jones. Quedaron a cenar. Crews fue con su novia de entonces. Tom Jones estaba como loco por interpretar el papel en el cine, pero también por beneficiarse a la novia de Crews. En un momento que Crews se fue al baño ella le paró los pies al león de Gales. Le dijo que si apreciaba su vida, más le valía andarse con ojo, Harry no tendría ningún inconveniente en degollarle. El proyecto volvió a quedar en el aire… Es difícil seleccionar anécdotas, porque las biografías de nuestros autores, hasta el momento, están repletas de momentos gloriosos. Nos decía alguien que casi son más interesantes sus vidas que sus libros. Si conoces nuestras publicaciones sabrás que nos gusta contar algunas de esas anécdotas en las bios que incluimos en el interior, sobre página negra. Detestamos las biografías de solapa al uso: meros informes biográficos y bibliográficos. Fechas y logros literarios. Foto de autor tocándose la cara o la patilla de las gafas, normalmente con pose de imbécil. Todo muy pobre y muy frío. Preferimos hacer algo un poco más literario, más anecdótico, más divertido… De Zeta Acosta no consta fecha de defunción, lo último que se supo de él fue una llamada que hizo a su hijo en la que le dijo que estaba a punto de subirse a un barco de nieve blanca…

Maldición Gitana Lucini

* En la web también tenéis un blog donde hacéis reseñas de discos y series. De hecho aprovecho para declararme fan de las reviews de Nacho Reig donde no hay lugar a la más mínima mamarrachada. Aquí y ahora. Un top de discos y series de los que ya habéis comentado.

Sí, yo también. El cabrón de mi socio no para de descubrirme series flipantes. Si te digo la verdad, voy bastante retrasado, no me da tiempo a verlo todo. Hay míticas, claro. Doctor en Alaska, Deadwood… Y luego, por supuesto, The Knick, Peaky Blinders, Fargo, The Long Firm… Con la música llevamos ya más de cien discos reseñados. Difícil hacer un top. Nunca he sido muy de tops. Soy bastante voluble. Mi top varía de un segundo al siguiente. Depende mucho de cómo me pilles. A veces me da fuerte por Carlos Cano. Pero, desde luego, en mi lista siempre encontrarás algún disco de los Old Crow Medicine Show, de William Elliot Whitmore, de Malcolm Holcombe, de Chris Knight… no sé, The Ballad of Lawless Soirez de Gill Landry es un disco increíble. John Moreland. Lincoln Durham. Joshua Black Wilkins. Y por supuesto los de mi monte Rushmore particular (los rostros que yo tallaría en el Yelmo de la Pedriza): Johnny Cash, Waylon Jennings, Guy Clark, Townes van Zandt

* ¿Qué es para Javier Lucini la libertad?

Una calle de Madrid.

*  ¿Algún futuro autor que formará parte de la familia Dirty que ya se pueda comentar?

Pues sí. Desembarcará antes de Navidad, si todo va bien. Ya lo tenemos fichado. Se llama Tom Franklin. Otro buen pieza. El que nos siga lo identificará por el texto que metimos en un tríptico que hicimos hace ya cerca de un año para promo en el que explicábamos un poco qué demonios es Dirty Works y la literatura que publicamos. La descripción de Tom Franklin, sacada del prólogo que hizo a una antología de lo que ha venido a conocerse como Grit Lit, no tiene desperdicio: «No es luz de luna ni magnolios, es barro en tus botas de currante, sobre todo en esas que tienen punta de acero y el cuero tan gastado que se ve el metal. Las mismas botas despellejadas con las que sales tambaleándote del bar después de haber arruinado la noche. Es la culata de nogal de un .38 en el cinturón de alguien que te espera fuera del bar, el cuchillo afilado, el rifle de cañón recortado, una navaja de hace siglos. El dosificador de coca, el bote vacío de pastillas, la pipa de meta. Es un hombre con pocas esperanzas de ser salvado que intenta desguazar todo lo que se pone en su camino, aunque solo sean latas de cerveza en la cuneta de una carretera secundaria por la que pasan camiones gigantescos cargados de troncos procedentes del bosque que están devorando las grandes corporaciones. Es la audacia de ese hombre que se siente lleno de vida en las páginas del libro y que hace que te sientas identificado con él. Es alguien que se levanta del suelo y dice: “Espera, todavía no estoy muerto”. Eso es Grit Lit». Pues en esas andamos…

* ¿Qué pasa con Apacherías? Lo publicó Mono Azul pero no hay manera de encontrarlo ¿Alguna reedición en ciernes?

Se publicó, ganó un premio, se agotó y la editorial desapareció. El libro corrió la misma suerte que las tribus indias de las que hablaba en sus páginas. La misma suerte que el bisonte americano. Hoy no es más que una osamenta que se pudre al sol de las grandes llanuras, a la que a veces se acercan a orinar los coyotes… Pero ¿quién sabe? Lo mismo regresa en el futuro, no lo descarto. Con el espíritu de Caballo Loco.

* ¿y para cuándo el libro sobre Johnny Cash que tienes entre manos? Cuéntanos alguna curiosidad sobre el Hombre de Negro. En los discos con Rubin si cantaba una canción que antes no era suya, se apoderaba de ella, ¿alguna favorita de estas míticas sesiones?

Ese libro al final va a ser como la novela de aquel profesor de universidad de la novela de Michael Chabon (en la película que hicieron lo bordó Michael Douglas)… Ahora mismo está parado, pero regreso a él de cuando en cuando. Tengo mil notas que escribí hace años y que ahora no tengo ni puñetera idea de qué cojones significan… Como curiosidad está la incursión de Johnny Cash en la literatura de ciencia ficción, un relato muy loco titulado The Holografik Danser. Allá por los años cincuenta escribió muchos que nunca llegarían a ser publicados, firmaba como Johnny Dollar. El relato que digo lo rescató su hija, Rosanne, en 2001 y lo incluyó en una antología de relatos, Songs Without Rhyme: Prose By Celebrated Songwriters. Un libro muy curioso con relatos de gente como David Byrne, Rodney Crowell, Joe Henry, Suzanne Vega y Loudon Wainwright III, aparte del propio Johnny… De las sesiones Rubin, siempre «Rusty Cage». No solo porque cuando entra la guitarra eléctrica en el minuto 1:27 el mundo deja de ser un lugar de mierda, sino porque simboliza muy bien la transición que muchos hicieron del punk y del hard rock a la música de raíces. Ilustra muy bien ese momento de encuentro. Un momento crucial en la evolución de la música popular estadounidense. Máximo respeto por el Hombre de Negro.

* ¿Qué le recomendarías a alguien que se quiere dedicar a escribir o meterse, en alguna de sus formas, en el mundillo editorial?

Que no escuche consejos ni recomendaciones de nadie (ni siquiera este, claro), que no acabe con la lengua estropajosa de lamer culos. Mi mejor consejo sería el que dio Bukowski en su día con respecto a los hipódromos: no vayas. Pero si vas, al menos ten por seguro que el simple razonamiento frente a los prejuicios y conceptos de la multitud es la única oportunidad que tienes. Y, suerte, amigos míos.

* ¿Crees que, al menos la primera temporada, de True Detective le dio cierto aire renovado al interés por el gótico sureño posmoderno?

Odio la palabra posmoderno. No es la primera vez que nos lo llaman y al próximo que lo haga le propondré que me lo diga, si tiene huevos, en el callejón de atrás… Y también te confieso que cada vez me resulta más odioso el término Gótico Sureño. Lo he visto aplicado a infinidad de cosas que no son ni góticas ni sureñas. Corsés estranguladores y sofocantes. Muy buenos para fajas. Tenemos esa necesitad de etiquetar el mundo para comprenderlo. Y a veces se nos va la mano… Pero sí. Sé a lo que te refieres y creo que sí. El éxito de esa serie, por un breve instante, puso de nuevo sobre la palestra la moda del Country Noir y el Gótico Sureño. Pero creo que se trata de un interés meramente comercial y bastante vacío, como en su día pasó con el terror japonés o la novela negra nórdica. Modas pasajeras. Aparte de la estética de la serie y de las colosales interpretaciones, la cosa no era en absoluto novedosa… Con la segunda la cagaron estrepitosamente. Y hace poco vi el remake de Los Siete Magníficos, con un guión de mierda (¿revisionista? ¿posmoderno?) del señor Nic Pizzolatto, para pasar un buen rato, como Mr. Potato (aunque ni eso)…

* En la entrevista que le hicimos a Ignatius Farray, el Mencey mencionó un dúo que tenía contigo llamado Cinecittà y que juntos montabais movidas en la facultad. Cuéntanos qué tipo de historias organizabais… al menos, las que puedan saberse.

Fueron años muy locos. El Dúo Cinecittá fue bastante efímero. Solo organizamos un acto oficial. Ver Annie Hall con Fernando Trueba. El resto fue básicamente delirio y dispersión. Era un mundo mejor. Éramos unos críos y Fellini aún vivía y acababa de estrenar La Voce della Luna, que estábamos como locos por verla. También nos metimos en política siguiendo los andares contoneantes de una rubia que se llamaba Almudena, muy de Izquierda Unida ella. Ese fue nuestro compromiso con la izquierda. Básicamente su pelo, que casi le llegaba hasta las rodillas (puede que exagere, son mis genes jienenses). Nuestra primera (y única) misión fue hacer una pancarta en la que se nos pasó por alto una letra. Nos dimos cuenta al desplegarla delante de ella (y de toda la comitiva seria y comprometida que la acompañaba). Y ese fue el fin de nuestra carrera política. También de nuestras esperanzas románticas con la rubia aquella (puede que ya con todas las rubias del mundo). No nos llamarían para la revolución. Hoy alguna de esa gente milita en Podemos. Yo me he quedado para hacer el trabajo sucio y Farray ha vuelto a los barrancos para organizar el levantamiento de los canarios arios. A veces me pregunto qué hubiese sido de nuestras vidas si no nos hubiésemos saltado aquella maldita letra en la pancarta… Lo mismo hoy seríamos concejales… Quizá aquella errata nos salvó de convertirnos en unos monstruos.

* Si nos damos una vuelta por vuestra web, queda claro que lo habéis petado con el merchandising, ¿para cuándo una reedición de camisetas y gorras?

Ya le estamos dando vueltas. Algo haremos. Al principio fue crucial para levantar el circo, cuando nadie nos conocía. Ayudó mucho a configurar la imagen de la editorial. Nos piden constantemente reediciones de gorras y camisetas. Pero decidimos hacer ediciones limitadas, para darles más valor, qué sé yo. Siempre hemos sido muy puñetitas.

* Algún autor o autora con el que no puedas, que se te atragante especialmente…

Ahora mismo, que acabo de ver en un twitt que Pau Gasol se lo está acabando en el aeropuerto de no sé dónde (dato apasionante, gracias), cada vez que veo la cubierta de Patria, de Aramburu, me entran retortijones.

* Un servidor ha tenido el privilegio de pasar un rato en tu hogar y ver y quedarse con la boca abierta con lo que allí tienes de libros y música. Imagínate que, Johnny Cash no lo quiera, tienes que salir por patas y sólo puedes rescatar 6 libros y 4 discos ¿cuáles serían?

No sé si se lo preguntaron con referencia a su casa o al museo del Louvre. Si se incendiase, a la pregunta de qué se llevaría, Jean Cocteau respondió: «Me llevaría el fuego». Yo respondería exactamente lo mismo, pero sin lirismo. Me llevaría el fuego, no yo el fuego, sino el fuego a mí. Moriría en el intento, en la indecisión. Ardería en las llamas.

* A modo de auto-entrevista a lo Heathcock y para ir finalizando. ¿Qué te gustaría que te preguntasen que nunca te preguntan? De paso responde y hasta aquí.

Pues esta misma pregunta y así de paso ya te respondo.

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