Con la lupa fijada mayormente en una Sevilla repleta de propuestas más que interesantes, la escena underground andaluza ha relegado actualmente a Granada a un segundo plano. Pese a su larga tradición como «cuna del rock independiente», heredada de los años 80 y el punk, son escasos los nombres que rompen el molde y ofrecen algo bueno en pleno 2015. Ahora bien, subyace bajo el ojo público toda una escena relacionada con el Blues en la ciudad.

El título de este artículo es pues una mera excusa para adentrar al lector en una parcela fértil en pleno siglo veintiuno, una parcela de largo arraigo que difícilmente supera la barrera local puesto que subsiste en un eterno y supuesto acomodo allí abajo en las alcantarillas del rock and roll. Porque el blues, admitámoslo, reduce su campo de acción como hermano pobre entre los géneros revisionistas a ciclos de Festivales de amparo institucional o directamente al paupérrimo circuito de baretos. Y es este último blues, el que se cuece a pie de calle, más que un superviviente un vivero pródigo en capital y provincia.
La mala follá, a juicio del que firma, es sustrato esencial para que las semillas del género originario del Mississippi germinen en un pequeño reducto de la sociedad de Granada.

La mala follá, como expresión, tiene su origen alrededor del oficio del herrero y calderero del barrio del Albayzín, concretamente en el aprendiz que insuflaba el fuelle (el que follaba) a un ritmo determinado para mantener la temperatura adecuada, se decía pues que tenía mala follada o mala follá en caso de no hacerlo a la velocidad suficiente.
Por definición, Jose G. Ladrón de Guevara habla en su libro La Mala follá granaína (Almuzara, 2006) de una «suerte de mala hostia gratuita que los granadinos repartimos sin ton ni son a todo aquel que nos rodea y que, en ningún caso, denota mal carácter, ni mala educación, ni animadversión en particular por el interlocutor. Tampoco denota desinterés o apatía en el granaíno, como dicen algunos». Se trata de un rasgo que bien entendido tiene más que ver con cierto tipo de humor negro, mezcla entre sarcasmo, ironía y resignación.

Un día, tomando café en un bar próximo al Arco de Elvira de la ciudad de Granada, escucho sin prestar mucha atención la conversación a mi lado entre cliente y camarero:
-«¿Qué eh?» (¿Qué es?).
Pregunta el cliente. A lo que el camarero responde:
-«Na… lo de siempre. Aquí, jodío pero acostumbrao».

Esta pequeña escena sintetiza muy bien el humor propio de la mala follá granaína.

Resignación

«Me sentía identificado de pequeño porque yo veía que era una música que tenía mucho de campo, de trabajo… de cantarle a la libertad cuando estás sufriendo y que con solo cantar ya te alegras. Como yo trabajaba en el campo, en el tabaco y cosas así, me creía que era un negro aunque sabía que no era así. Pero yo pensaba que estaba en el sur de Estados Unidos, que era un esclavo«.

La cita es de Antonio «Oso» Travé, cantante y guitarrista nacido en Benalúa de Guadíx, aparece en un documental aún por estrenar titulado «Granada Blues», dirigido por Alejandro Molina y Antonio Mellado, producido por la audiovisual Ranopro (de los citados junto con Eduardo Rodriguez) y resume en esencia esa pulsión concreta hacia un estilo musical en principio muy lejano y desfasado pero de fácil identificación para un chaval de clase media-baja por su capacidad expresiva, por cantar a los pesares, a las miserias y los anhelos. La cinta repasa en algo más de hora y media la historia del blues en la ciudad, desde la figura clave de Joaquín Sánchez «La abuela»la Blues Band de Granada, Los Lagartos, Blues de Garrafa o Julian Bourne, a la escena actual con nombres como Alfredo Martínez, Fernando Beiztegui, Francisco Molina, Pedro de DiosAlfonso Alcalá o el propio Antonio Travé, protagonista también de los mejores minutos musicales de todo el metraje, con varias apariciones en directo, entre ellas una espectacular interpretación de «That’s all right» de Jimmy Rogers con los ya extintos The Chicken Congress.

A la citada resignación como acento propio del humor granaíno se añade entonces la resignación inherente del blues, el estigma del esclavo que canta sus penas para mitigar el sufrimiento y buscar consuelo, con múltiples paralelismos con el flamenco pero comúnmente asimilado entre la juventud de segunda mitad del siglo pasado. Habitual compañero de barra en bares de mala reputación, supone una vía de salida perfecta para justificar ese talante amargo y jodido y haciendo algo creativo de ello.

Para Enrique Novi, promotor y periodista de dilatada experiencia en la ciudad «existe una diferencia muy sustancial entre el modo de entender el blues de la vieja guardia y el de los grupos actuales. Los mayores llegaron en su mayoría al género a través del blues-rock de los setenta y por lo tanto trataban de reproducir un tipo de blues muy «contaminado» por el rock, y mucho más estereotipado. Supongo que en general los referentes de los primeros músicos de blues de la ciudad estaban mucho más en John Mayall y todos los guitarristas blancos que se formaron en la escena inglesa del rock, desde Jeff Back a Alvin Lee, de Clapton a Jimmy Page o Gary Moore. Y cuando buscaban referentes americanos muy raramente ahondaban en los pioneros; se fijaban más bien en el blues de Texas, o el blues más eléctrico, tipo Stevie Ray Vaughan, Freddie King, Albert King… ese tipo de cosas.

Yo me aficioné al blues siendo adolescente, gracias a algunas colecciones editadas a finales de los setenta y principios de los ochenta por sellos españoles que licenciaban material de auténticos maestros del blues rural a precios de saldo. Podías encontrar discos de Blind Lemon Jefferson, de Leadbelly, Bukka White, Lightnin’ Hopkins o Memphis Slim. También de Little Walter, Screaming Jay Hawkins, Campion Jack Dupree, Jimmy Reed u Otis Span… auténticas maravillas de blues rural de Mississippi, de Georgia, y también del primer blues eléctrico de Chicago.

Sin embargo, jamás me sentí identificado con los músicos que hacían blues en Granada porque para ellos el blues era otra cosa. Tendían todos a considerar el blues del delta algo anticuado, superado, y les ponía mucho más la caña del blues-rock, infestado de tics heavies (entonces se le llamaba rock duro) que buscaban más el virtuosismo, el meter cuantas más notas mejor, que la cadencia o la fuerza hipnótica de músicos más antiguos, que con los mínimos recursos conseguían la magia. Estoy pensando por ejemplo en John Lee Hooker, que con una guitarra de caja, su voz de ultratumba y el acompañamiento de su tacón golpeando el suelo conseguía sobrecogerte. Y mira que Hooker, debido a su longevidad, finalmente fue reconocido como una estrella internacional. Otros de su quinta, lamentablemente, murieron demasiado jóvenes para que eso sucediera».

Al hilo de ese acercamiento al blues originario del delta convenimos en que el actual paradigma de blues tira más por la raíz: «Es algo que ha sucedido no solo en el blues, también en otros muchos géneros. En general hoy se tiene un mayor y más perfilado conocimiento que hace treinta años. Entonces era realmente una labor de investigación casi arqueológica sumergirse en un género como el blues hasta encontrar sus raíces y sus primeros fundamentos. A todo el mundo entonces le sonaban Robert Johnson, BB King o Muddy Waters, como máximo T-Bone Walker, pero más allá de eso… muy poco. Los grupos nuevos me da la sensación de que conocen en profundidad, al menos algunos, sin duda Guadalupe Plata, que son los que más conozco, los ancestros: John Fahey, Charley Patton… algo impensable hace años. O ALfreedom, que tiene muy bien aprendida la lección de Sonny Terry & Brownie McGhee. Eso hace mucho más atractivas e interesantes sus propuestas. Porque conocen las raíces y porque se acercan a ellas con una actitud mucho menos mimética que los músicos de hace treinta años».

Sobre el paralelismo del carácter granadino y el blues:
«Personalmente sí que lo encuentro, aunque no por el lado de la mala follá sino por el carácter algo miserable, resignado, sumiso y subyugado del granadino y el del músico de blues. Siempre he pensado que al granadino le marca su propia historia. Ten en cuenta que Granada fue el último territorio conquistado por la intolerancia católica, y que a día de hoy todavía llevamos menos tiempo siendo tierra conquistada del que fuimos tierra en manos musulmanas. Parece que antes de la llegada de los Reyes Católicos en Granada convivían las tres religiones con absoluta tolerancia y en perfecta convivencia, pero una vez tomada la ciudad e impuesto el catolicismo como religión única, al mismo tiempo que se expulsa a los judíos de la península, los que se quedan son conversos que tienen que aprender, o bien a ocultar sus verdaderas creencias, so pena de ser descubiertos por la Inquisición, que ya sabemos como se las gastaba, o bien a renunciar a ellas y actuar como verdaderos cristianos. Los que no estuvieron dispuestos a transigir se marcharon, y los que quedaron fueron los más dispuestos a ser doblegados y humillados. Yo creo que eso ha forjado el carácter granadino durante siglos. Y los bluesmen, que proceden de los esclavos, al fin y al cabo también tuvieron que aprender a tragarse sus creencias y su orgullo. Al menos a ellos les dejaron un pequeño espacio de libertar en las iglesias, que convirtieron en los primeros escenarios donde se expresaban de manera genuina.«

Osobenalua

Ironía y sarcasmo

«Una vez llegué al tope, al tope de mi desesperación,
me vi solo y sin fuerzas, me arrojé desde el torreón.

Duraría unos segundos y después de eso se acabó. 
Pero no señor, un carro de paja,
un carro de paja me salvó.

Sólo quise morir como un hombre, no vivir como el avión«.

La canción, titulada «El avión», pertenece a El Osombroso y Sonriente Folk de las Badlands y ejemplifica de manera bastante gráfica la facilidad para incluir el sentido del humor en las letras de las canciones. Es solo un caso pero hay muchos más. El responsable es un combo a mitad entre Granada capital y Benalúa de Guadix, que existe desde hace no más de tres años pero viene a culminar una larga odisea revisitando cancioneros tradicionales del blues rural, country o gypsy jazz. La banda la inician el citado «Oso» Travé e Isaac Fernández, que dan nombre a la misma, citan como punto de inflexión el momento de musicar con un estándar la traducción de un texto del jefe indio Noah Seath. Pronto se suman al proyecto de forma estable Francisco Molina González, Antonio Pelomono y Daniel Estévez.

El grupo, eminentemente acústico, ha autoeditado en 2015 un Cd con 17 canciones procedentes de dos recopilaciones previamente disponibles, con descarga al precio que el usuario estime, en su bandcamp. En sus canciones se repiten patrones propios de la música de raíces americana, como decimos, con la diferencia de que escriben en castellano y la dificultad que ello conlleva a priori.
Para Isaac, principal autor de las letras y compositor junto con Travé y compañía, «lo más difícil a la hora de escribir las letras es encontrar un concepto o una idea base sobre la que va a girar la canción. Una vez que se tiene esa idea lo que hacemos es escribir sin rima ni hostias todo lo que se nos ocurre o sugiere el tema, después se ordenan todas esas ideas. La inspiración puede venir de un libro en sí o de una frase determinada del libro, historias absurdas y coñas que nos hayan contado o directamente hayamos protagonizado («El avión», «14 Bloodymary´s», «Algo excesivo»…), frases virales que encontramos en internet («Vota a Clint Eastwood…»), crítica social a la política, economía, plutocracia, etc. “Al fin escapar” es una adaptación de fragmentos de Walden de Thoreau, o “El amigo del hombre trabajador” de En nadar dos Pájaros, del genial irlandés Flann O´Brien.«

«Fuiste para mí como el anís del mono,
dolores de cabeza tras endulzarme un poco.

Mucho fue lo que me diste
pero más me acabaste de quitar
soy pena, esqueleto y los empastes
y un cuerpo que no para de temblar«

Las aspiraciones del grupo son remotas, sin embargo acometen música y letra con una naturalidad que, para el que escribe, les emparenta con los inicios de Los Enemigos o más bien con la carrera en solitario de Josele Santiago o Hendrik Rover en su versión rural y sureña. Bastan varios ejemplos para argumentar mi comparación: «Vota a Clint Eastwood«, «Mi comunidad«, «Crónicas de las badlands«, «El anís del mono«, «Algo excesivo«, «Un esclavo de verdad» o «Bud Spencer dando sopapos de mentira en el desierto de tabernas«. Con la facilidad de Isaac para escribir sobre cualquier cosa, las letras no parecen ser un problema para el largo desarrollo del proyecto.

En sus sesiones son habituales las colaboraciones, desde Pedro de Dios al propio Joaquín Sánchez «La Madre», pasando por Jose Cabrera, Mikowlaj Kownaki, Rafa Malcamino, Jose Bonilla, Alfredo Martínez, José López Montes, Mati Balboa o Pablo Peláez.
A partir de estos nombres se extiende toda una escena de bandas que parten del blues (Pelo Mono, Molina González, Cuchillo y Cubalibre, Elemento Desierto, Malcamino, Látigo Negro, Guadalupe Plata, Los Harakiri) o bien proceden de géneros tan dispares como el stoner de Araappaloosa y el powerpop/alt-country de Estévez, Su Señora*Whitechapel. Asociados a estos nombres coexisten en los mismos espacios (bares como El Ruido Rosa, el Tornado o el Blus) otros como Perro Mojado, Carne, Chin-yi o clásicos como los Al Supersonic & The Teenagers o Los Granadians, que van del punk o el kraut-rock al soul e incluso el reggae.

Araappaloosa por ejemplo, hacen algo parecido a lo que solía conocerse como stoner, con mucha carga de blues-rock y una base rítmica apabullante. Han publicado también este año su debut homónimo después de dos destacados Eps (aparecieron en el recopilatorio que confecciona cada año el Azkena Rock Festival sobre bandas nacionales), estrenándose además en castellano. Ahora bien, su verdadero campo de acción es el directo, en el cara a cara es donde el cuarteto muestra sus mejores credenciales, como pudieron comprobar quienes les vieran en su participación en el pasado festival del Zaidín.

Cuchillo y Cubalibre es un dúo de blues al estilo de los primeros The Black Keys formado por Antonio Travé, voz y guitarra y Antonio Pelomono, batería y percusión, que ya ha dado sus primeros cortes en bares y salas. Riff puro y duro y groove minimalista. Sumándose a ambos Antonio Molina a la guitarra y Dany Levi al bajo adoptan el nombre de Elemento Desierto para diluir el blues originario de The Chicken Congress en ácido lisérgico y polvo del desierto. Otro proyecto con disco nuevo en el horno que promete dar mucho que hablar. Por otra parte, Látigo Negro es un trío formado por Pedro de Dios y los citados Antonio Pelomono y Antonio Molina del que poco podemos sabemos por el momento, pero ya se puede el lector imaginar por donde irán los tiros.

Molina Gonzalez es Francisco «Duane» Molina. Granadino residente en Málaga que canta y toca la guitarra acústica, el redoblante, la mandolina, la armónica, la tabla de lavar, las cucharas y los huesos. En su proyecto interpreta clásicos populares americanos desde finales del siglo 19 a Townes Van Zandt pasando por Hank Williams, al tiempo que escribe sus canciones en castellano (grabó un disco durante su estancia como músico callejero en Berlín). Es un acérrimo estudioso del género que ha colaborado con Estévez o Guadalupe Plata y entre otros tantos ha abierto para The Sadies.

Los Harakiri son un cuarteto de blues y punk-rock suicida formado por Monago, Antonio Pelomono, Alberto Moreno y Antonio El Deshollinador, primos hermanos de Perro Mojado, ya en su debut telonearon a The Saints en su reciente paso por la ciudad. Ofrecen canciones frescas casi crudas y letras en castellano con mala baba ochentera, bases robóticas que beben lo mismo de Alan Vega o Howlin’ Wolf como de Spacemen 3 y los Fuzztones.

Malcamino, por su parte, son un cuarteto de blues eléctrico y rock and roll que colorea sus canciones con tintes de la costa oeste y base rockabilly, pese a aferrarse al country más clásico al estilo Sun Records. Entre Stray Cats,  Cash, Dick Dale y los Byrds. En su primera grabación pueden pasar por parientes no muy lejanos de Hendrik Rover, Luis Auserón o el mejor Loquillo (y no es broma), por utilizar también con solvencia el castellano y no sonar impostado o forzado.

Pedro de Dios, Travé, Fernández, Pelomono, Molina Gonzalez, todos estos nombres aúnan talento y comparten unos mismos valores, se acercan a la música sin pose ni red. No se toman demasiado en serio, se ríen de sí mismos y del de al lado y siempre son ellos mismos aunque eso no sea lo importante, porque lo que importa es la música. De hecho, apenas solo en el caso de El Osombroso y Sonriente Folk de las Badlands o Estévez aparece necesariamente el sentido del humor en los textos. Todos trabajan su pasión, eso sí, desmitificando el papel del músico como «rockstar», porque ser bluesman es otra cosa. Ser bluesman en Granada conlleva trabajo, humildad, un especial sentido del humor acompañado de generosas dosis de resignación como ya sabemos y, por qué no decirlo, una filosofía de vida muy particular.

palabra de INIGO CABEZAFUEGO

En este mundo de la canción ligera española (llamémosle así) te encuentras con mucho tontolaba por ahí, todo piel mutante y poco hueso con el que hacer buen caldo. Como navarro que soy, la historia me hace desconfiar en los primeros encuentros, o al menos ser reservado con un desconocido que te presentan en una noche de refriega festivalera…

En los ojos de los Guadalupe Plata vi algo parecido en nuestro primer contacto, lo mismo que con Pelomono, Isaac, El Oso, Jose Boni, Paco Benalua y todos los demás… Pronto te abren su corazón, y la puerta de sus casas o cuevas. Gente humilde y muy educada, que no te doran la píldora si tu concierto no les ha gustado… prefieren callar una palabra de más si no la sienten. Y eso para mí es grande.

Muchachos con un talento enorme que desde Benalúa, Jaén y Granada están haciendo algo inmenso por la música. Amantes desde un respeto bíblico a las raíces del rock and roll, que escupen canciones como panes, sin buscar que alguien los compre si no tiene verdadera hambre.

Ellos tienen las puertas de mi casa abiertas para hacer próximo Akelarre.

Podemos concluir entonces afirmando que el blues goza actualmente de buena salud en la ciudad, que supone un vehículo idóneo para dar salida a la mala follá de sus gentes (tanto ética como estéticamente) y que por esto mismo garantiza un futuro tan esperanzador y jodido como el propio presente.

Ya saben, jodido pero acostumbrado.

En Territorio Negro
Breve genealogía del blues en Granada

Blues_BanddeGranada

La Blues Band de Granada.
Negro en Tierra de Blancos (1992, Big Bang)

Clásico del género. Segundo elepé de una de las bandas más emblemáticas del género en la ciudad, la formación entrega un disco impecable en todas sus formas pese a sufrir bajas como la de Joaquín Sánchez o Estain Peinado. Las guitarras de José Luis Pizarro y Carlos Martín cumplen su papel sustituto sin fisuras ni deslices dejando libre el espacio que reclama David Lenker, auténtico virtuoso del piano. En su momento supuso la confirmación del grupo a nivel nacional. Ayudándose de vientos, acordeón, armónica y acústica, se pasean con insultante facilidad por cada uno de los palos: del rhythm’n’blues de Chicago al swing pasando por las raíces de Ia fabulosa I Got no blues o el fulgor del soul, el peso principal recae en la profunda garganta del cantante franco-alemán Pecos Beck. La producción original no hace ningún favor al contenido y pese a que el trabajo es un acertado intento de sellar una identidad propia en el género, se ajusta demasiado fielmente a los cánones del blues convencional.


blues_garrafaBlues de Garrafa

Blues de Garrafa (1997, La Nuba Records)

BB King, Johnny Winter, Robert Johnson, 3 nombres iniciáticos para cualquier persona ajena al lenguaje del blues. Joaquín Sánchez, un nombre que abrió las puertas del blues a una enorme cantidad de músicos en la escena local. En este disco con Blues de Garrafa acomete todos los patrones con la misma o mayor naturalidad, verbetrabado con una base rítmica solida como compañera, «La abuela» nos adentra en terrenos cercanos al Delta, con una ejecución deliciosa al slide. También hay mucho Rhythm and blues, humo y olor a tugurio, blues de ferrocarril y carretera. «Whiskey in my coffee», «Rumblin’ to my mind», mambo y rock and roll. Este disco suena a fantasía oriental, a hermanos de sangre de Silvio y Raimundo o Tom Waits. «Smoking» y «Lazy Man» cierran el álbum con la mejor prueba posible de honestidad y desnudez, voz y guitarra a pelo. Sin trucos ni fuegos artificiales. Historia oral viva del Blues en Granada.


Blues_guadalupeplataGuadalupe Plata

Guadalupe Plata (2009, Sociedad Fonográfica Subterránea)

Carta de presentación de los ubetenses afincados en Granada, 6 canciones 6 en las que ya sintetizan las bases que se convertirán en capitales de su carrera. Nace un sello propio y en este Ep se presenta en bruto, sin pulir. Primer plato del nuevo paradigma del siglo XXI: blues primitivo, lisérgico, de serie B, denso, en constante búsqueda y movimiento. Menos es más. Barreño de zinc. Charlie Patton, Skip James, Screamin’ Jay Hawkins y también The Cramps, The Gun Club o Link Wray. Un conjunto de canciones que se han convertido por derecho propio en clásicos del subconsciente colectivo para los que recorremos estas mismas alcantarillas: «Cementerio», «Baby me vuelves loco», «500 mujeres» o «Jesus está llorando». Blues de la tierra y del pueblo, blues universal.


blues_osombrosoEl Osombroso y Sonriente Folk de las Badlands

Mambo de Secano (2015, Autoeditado)

La fiesta del folk y el blues rural de la provincia propone el siguiente plan: western, copla, blues, ragtime, canción protesta y cachondeo a partes iguales. Sonidos eminentemente acústicos, una lírica resuelta y comprometida que canta al pueblo desde el pueblo y respeto al blues por encima de todo es lo que ofrecen El Osombroso y Sonriente Folk de las Badlands, esto es, Isaac Fernández, Antonio Travé, Daniel Estévez, Molina González y Antonio Pelomono. Las leyendas y la ficción se confunden con los hechos reales en unas canciones que crecen como hermanas a pesar de ser cada una de su padre y de su madre. Su imaginario va de Bud Spencer a Clint Eastwood, de Canned Heat a Leadbelly, de Johnny Cash a Dumbo. La nueva generación del blues en la ciudad no se conforma con resignarse, canta sus penas y sus alegrías combinando múltiples proyectos y graba sus canciones organizando verdaderas celebraciones.

Texto por Antonio J. Moreno aka Zorro
Ilustraciones por El Ciento
(Publicado originalmente en el nº 2 de Karate Press)
*no aparecía en el artículo original, lapsus del autor

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