Es cierto que el segundo disco de Egon Soda (Ricky Falkner, Xavi Molero, Pablo Garrido y Ferran Pontón, compositor principal) es difícil, pero lo es porque hoy en día no hay quien saque tiempo para escucharse 20 canciones sin pausa. Por eso, para hacer el mejor análisis posible del contenido no hay otra opción que dejarse adentrar poco a poco en el interior de este «El hambre, el enfado y la respuesta«, a pequeños bocados, mejor que indigestarse con el lote de golpe y no asimilar nada.

Pese a tan sugerente título, algo pretencioso si se quiere, discurre la obra sin una línea narrativa ni concepto claro (y eso que servidor no está en contra ni mucho menos de los discos de esa corte, las óperas rock….etc), aquí no hay más que 20 canciones 20 despachadas bajo la premisa de la naturalidad, la honestidad y la más absoluta ausencia de prejuicios.

He de reconocer que al adentrarme en el disco por primera vez tenía mis reticencias a ponérselo fácil. Debo confesarlo, el prejuicio es mío en este caso: para que un álbum en castellano me diga algo especial necesito encontrar vínculos musicales en común, un nexo instrumental, y sólo entonces le daré una oportunidad a la parte lírica. Esto es Rock’n’roll, o música popular, o alternativa, pero no poesía. Y gracias a dios aquí aparecen colores y tímbres de multitud de influencias cojonudamente ensambladas, y se adivinan reminiscencias de músicas pretéritas de las que admiro. Esto es lo que me terminó de convencer de ellos, que Egon Soda siempre salen reforzados independientemente del referente o arreglo que utilicen. Así, acaban por convertirse en una propuesta lo suficientemente personal, ambiciosa ártisticamente hablando, emocional y sincera, comprometida y nada hipócrita o fantasma, como para quedarse en mi estéreo más de lo anecdótico (no para de sonar y sonará, estoy seguro, a lo largo de este 2013).

Lo que hay es lo que suena, tal cual, en directo, y las propias canciones son las que mandan. Puede parecer un tópico, y de hecho lo es, pero es imprescindible. Si los instrumentos que han de vertebrar la canción están subordinados a modelos, clichés, miedos o a la propia letra, significa que por algún lado la canción ha perdido frescura, o que no ha crecido hasta donde quizá debería. También aquí las limitaciones técnicas podrían suponer un hándicap. Por suerte nada de eso sucede con Egon Soda, llevan tocando juntos unos 20 años, son amigos y tienen un bagaje más que contrastado (seguro que les sonarán los nombres Standstill o Love of Lesbian). «El Hambre, el enfado y la respuesta» es un fabuloso ejemplo de incontinencia musical. Una banda que no tiene ningún tipo de compromiso contractual rígido al que aferrarse, ninguna presión externa por parte de seguidores, ni mucho que perder creando y arriesgando. A esto le sumamos una curiosidad y conocimiento de melómanos inquietos, y el resultado no puede sino enriquecerse por cada costado.

Todo en un luminoso tono folk-rock, un pop de cámara de letras inteligentes y nada crípticas que servidor agradece una vez superado el prejuicio idiomático. Esto es de agradecer verdaderamente, el uso del castellano está justificado siempre y cuando no caigamos en la estúpida idea acomplejada de encumbrar a los Wilco españoles, al Kurt Vile de Cuenca o a los Flaming Lips de Burgos… herencia mantenida desde los tiempos (añorados por mí también oiga) del indie-rock, que tanto daño hizo a la creatividad de nuestros músicos, empeñados en mirar siempre de reojo a la banda en tendencia, y que tan pocas excepciones auténticas nos dejó (Cancer Moon, Los Bichos, Goodbye Planet o Surfin’ Bichos).

Egon Soda pertenecen a esa generación que creció mirando hacia fuera, pero ahora superado el complejo, sabiendo que hay ejemplos de bandas que escriben de manera nada deshonrosa, se abren en canal. Cantan al amor sin por ello sonar cursis, critican a diestro y siniestro esta sociedad pero también a sí mismos, y se hacen querer como fieles compañeros de viaje, amigos que saben de lo que hablan y casi confidentes de sucesos, hechos y sentimientos comunes… o no tanto. Además hacen música de calidad y la ejecutan sin pudor ni vergüenza, todo lo contrario, orgullosos y seguros de sí mismos, si bien la grabación de este disco se produjo en un ambiente de fiesta contínua, nunca desfasada, eso sí.

Ejemplos destacados (así al azar…) :
«Suite #7«, «Lorem Ipsum«, «Vals de pequeña mecánica» (con aroma a Big Pink), «Giuletta 2000», «Nortuno del sarmiento», «Cosas que no son como deberían ser» o esta «Nueva internacional»

Ilustración y texto por Zorro de la dehesa (@zorrodeladehesa)

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