Como los Monty Python, podemos buscar con ahínco, afán y sin éxito el Sentido de la vida o de lo contrario emplear nuestro tiempo en luchar por lo que nos gusta y perseguir con prisa pero con pausa todos nuestros anhelos que, de una u otra de las formas, todos, tarde o temprano, acabaremos por espichar (también podemos, directamente, no hacer nada). Cada uno se toma la película como puede. Mark Everett, líder de Eels, decidió hace tiempo que su único camino era seguir caminando sin detenerse en el dolor de los recuerdos, la culpa o el arrepentimiento. Se detuvo, eso sí, hace unos años para recapitular y dejar negro sobre blanco parte de unas memorias que necesitaban constar cuanto antes en ese pequeño best-seller que fue «Cosas que los Nietos deberían saber» (2008, en España editado por Blackie Books). Y es que la vida de Mr. E ha estado bien surtida de calamidades y desgracias familiares desde bien temprano. Motivos por un tubo para ser otra figura desdibujada del all-star system rockero, otro desdichado estadounidense compungido que se amarra a la acústica mientras disecciona su maltrecha psique. Por extraño que parezca, aunque la tristeza esté presente en toda la carrera musical del de Virginia sus canciones se fueron construyendo paralelas a esa vida, ejerciendo de testigo excepcional situado siempre a una distancia prudencial del drama total y la bajona absoluta.

La música de Eels apenas ha cambiado desde que, en 1996 alcanzara el número uno de las listas independientes norteamericanas con «Novocaine For The Soul«. Hasta hoy, Mark y los suyos (cada vez unos diferentes), han editado 10 álbumes de estudio (contando el que nos ocupa, editado ayer) en los que se alternan, cual conducta bipolar, arrebatos furiosos y descargas rockistas con pequeñas sinfonías de juguete y cajas de música diabólicas. Junto a esto, por supuesto, esa característica e inimitable, siempre vieja, voz distorsionada.

Seamos sinceros, en Wonderful, Glorious el esquema se repite una vez más. No vamos a encontrar nada que no estuviera ya en su trilogía reciente (Hombre Lobo, End Times y Tomorrow Morning). Hay momentos de ese primitivo rocanrol con el que sorprendieron hace un par de temporadas en el Azkena («Stick Together») o latigazos dosificados con arte y oficio («New Alphabet«), blues negroidal de cuño BlackKeysiano («Open my Present», «Wonderful, Glorious») y extraños fogonazos de ese pop inclasificable que en los 90 le situaría en la misma liga de iconoclastas como Beck («You Are my Friend», «I am building a Shrine»). Por otro lado, encontramos esas diminutas obras de arte a la nostalgia que hacen que la música del prolífico Everett se encuentre por encima de la media («The Turnaround», «True Original», «Accident Prone»). Como nota diferenciadora observamos tal vez unos textos mucho más esperanzadores y positivistas («Bombs Away», «Peach Blossom»). Pequeñas explosiones que contagian vida y luz como el color naranja de la portada y que invitan a tomar la calle y hacer algo por la vida, aunque solo sea caminar.

New Alphabet

Dibujo e Ilustración por Barce (dedicado a Miguelo Becerring).

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