El nuevo álbum de Dr. Dog ha reconciliado a la banda de Filadelfia con la redacción de MT. Shame, Shame (2010, Anti) poseía suficientes canciones como para no descolgarse de su fantástico mundo, pero Be the Void (2012, Anti) supuso un chasco tal que no invitaba al optimismo acerca de lo que estuviera por venir. No obstante el adelanto “The Truth” los traía de vuelta, cuando apenas había transcurrido un año, con un hilillo de fino aroma soul que dejaba entrever que tal vez habían recuperado parte de lo que nosotros llamamos “el tricky” (entiéndase esto como sinónimo de duende, mojo, rollito, esa cosa). Abramos pues este B-Room:

Como desconfiados, casi temerosos por lo que sonará al otro lado vamos dejando entreabierta la pesada puerta de la Habitación B (así han bautizado la sala del nuevo estudio-hogar, construido en una antigua fábrica de plata, donde han autoproducido esta nueva tacada). La calidez se percibe desde el primer momento y la inicial, ya citada, “The Truth” crece tímidamente sobre una capa de mellotron y una sensación de confort que se apodera inevitablemente de nosotros. Por primera vez el sexteto se ha decidido a registrar sus canciones prescindiendo de pistas dobladas, permitiendo así que las cintas capten el cohesionado sonido directo y el feeling que los chicos transmiten sobre las tablas. A lo largo del disco nos deleitaremos con bajos supergordos, deliciosos arreglos de teclados analógicos y melodías que literalmente vuelan la cabeza del menos pintado pues, ahora sí, los Doctor Perro han vuelto a componer dejándose llevar, derrochando originalidad.

La fantástica “Broken Heart“, cantada por el bajista Toby Leaman te pone en marcha con su contagioso ritmo y ese tremendo estribillo de aires Bowie. Le sigue una maravilla llamada “Minding the Usher” donde una guitarra entrecortada y el sutil empleo de teclados son más que suficientes para acompañar una exquisita melodía de esas que solo el bueno de Scott McMicken puede imaginar, todo un regalo para los oídos en forma de agradable psicodelia-pop (“and goes on and on and on…”). Por su imprevisible inicio “Distant Light” bien podría ser una de las ya habituales producciones negroides de los últimos Black Keys, pero la sorpresa acabara por desvanecerse cuando devenga divertido y tarareable bocado. Los arreglos circulares de “Long Way Down” y la beefheartiana y enorme “Cuckoo” nos devuelven a sonoridades originalísimas como no habíamos disfrutado desde los hoy lejanos tiempos de Easy Beat (2005, National Parking) y We all belong (2007, Park the Van).  “Phenomenon” y “Rock and Roll” se cuentan entre los momentos más livianos mientras que la desnuda “Too Weak to Ramble” y la singular “Twilight” destacan como páramos por motivos bien distintos. La primera como descarnada y sincera balada a manos del pasional Leaman y la segunda como ensoñación o canto de cuna marciano más próximo a las latitudes de los Flaming Lips más recientes.

El final del disco es magno gracias en gran medida a “Love“. En ella encontramos un categórico manual de cómo se construye el single de pop perfecto. En su irresistible discurrir es difícil decantarse por estrofa, puente o estribillo. Por su parte “Nellie” es una balada de preciosa estrofa donde se conjuga perfectamente una amalgama de influencias vocales. Además, si se opta (cosa que recomendamos encarecidamente) por adquirir la limitada edición en doble elepé, el plus con que nos obsequian es ya la repanocha. “Mt. Slippery” rememora las mejores armonías vocales por la misma vía en que los hermanos Wilson homenajeaban a los Four Freshmen (aunque algunos se empeñen en creerlo esto no lo inventaron los Fleet Foxes). A continuación, y como estraído del “Pussycats” que Harry Nilsson perpetró asociado con Lennon, “I can’t Remember” y sus imaginativos arreglos saben ya, a estas alturas de disco, como ese cigarro que uno se fuma tras echar un buen polvo: a gloria bendita.  No hablemos ya del inagotable carrusel psicodélico que es “Humble Passenger“, todo un viaje de imprevisibles piruetas y giros alucinados. El remate, vamos.

Sirvan estas palabras para ratificar a los de West Philly como uno de los grupos más divertidos de los últimos 15 años, y afirmar que este B-Room, inusualmente fresco para nuestros días, constará sin dudarlo entre lo mejor de este extraño 2013 para Más Truenos. Un deleite para los sentidos, una especie de “Wild Honey” del siglo XXI.

Dr. Dog Live at 25th Street Recording

 

Texto e ilustración por Barce.

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