Hay voces capaces de conmover y de agitar. Presencias que por si mismas transmiten peligro y emoción. En Nina Simone confluía todo esto y mucho más. Una verdadera fuerza de la naturaleza absolutamente única e imprevisible. Un espíritu libre que vivía encerrado dentro de un personaje indomable. Un ser genial y contradictorio. Una intérprete colosal, una artista superlativa.

Su voz, su vida y su persona son protagonistas de uno de los documentales más recomendables e interesantes de la pasada temporada.

Un documental que nos permite mirar a Nina Simone a los ojos

Documental que arranca con seis minutos mágicos. El resto no desentona, para nada, pero ese comienzo es de una belleza excelsa. Su irrupción en el festival de Montreux en el ’76 donde somos testigos de la inmensa presencia escénica que poseía, del respeto que era capaz de infundir. Antes de acometer una delicada y linda interpretación de Little Girl Blue desnuda su alma, se muestra en carne viva. Retrocedemos al ’68 y entre bambalinas le preguntan qué es para ella la libertad: no fear, nos confiesa tras unos preámbulos donde asoma su nervio, donde se atisba su cabeza en plena ebullición hasta llegar a una conclusión trascendental. «Ojalá pudiera vivir así la mitad de mi vida: sin miedo». Si la libertad es vivir sin miedo, superar los miedos debe ser arte. Esta escena deriva en otra actuación superior, la inevitable I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free que encaja como un guanteTodo fluye con naturalidad, todo es hermoso… hasta que aparece la hija de la cantante para abrirnos los ojos ante su realidad. Nina Simone era Nina Simone siempre. En el escenario, fuera de él, 24 horas, 7 días a la semana y eso ni la propia Nina Simone podía soportarlo. Todo esto en apenas seis minutos.

Retratos de sus orígenes humildes, su tormentoso matrimonio y relación de amor/odio con el que fuera su mánager. Su compromiso y activismo político. El episodio de la marcha de Selma. Su valentía al componer y cantar una pieza como Mississippi Goddam en tiempos de barbarie. Su radicalización ideológica tras el asesinato del doctor Martin Luther King. Como se abandona a la melancolía cansada de luchar contra sus propios demonios. La locura y pasión de una vida tratando de escapar de ella misma. Liberia, Suiza, París, el olvido hasta que un anuncio de Channel dirigido por Ridley Scott y que usaba su inmortal My Baby Just Cares For Me la rescata.

Una vida y cordura sacrificada en favor de un arte extraordinario. Sólo ella fue tan frágil y tan fiera al mismo tiempo. Sólo ella fue tan libre y salvaje como el viento pese a ella misma.

Dirige Liz Garbus que ya se había acercado con solvencia a personalidades complejas como las de Bobby Fischer o Marilyn Monroe y es una producción de Netflix. A tener muy en cuenta las obras de producción propia que ofrece este canal. Series como Narcos, House of Cards, Bloodline, Jessica Jones, Master of None, largometrajes como Beast of No Nation y barbaridades como Making a Murderer, camino de convertirse en un fenómeno social, no son algo a dejar escapar.

Ain’t Got No/I Got Life 

Quizás una de las letras más hermosas jamás creadas. Quizás una de las canciones más maravillosas de la Vida. Una interpretación mágica y recuerden que a Nina cuando canta hay que mirarla a los ojos. Ojalá este tema nos acompañe siempre.

Med Vega (le vent souffle où Il veut… Nulla Paura)

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