Los amigos de Dixie Town vuelven con una nueva entrega bajo su musculoso brazo de blues rock. Su título: The Same Old Story, y uno se pregunta ¿se trata realmente de la misma historia? Pues sí y no. La historia del Blues se lleva reescribiendo desde casi un siglo para confirmar que su proceso no responde a más dogma que al de destilar sentimientos con la mayor de la sinceridad y la crudeza posibles. En esto los galegos han demostrado con creces ser uno de los grupos más conocedores y mejor preparados para transitar los diversos terrenos de esta música que tan locos nos vuelve. Si su anterior O’Furacán los situó en la primera línea del rock hecho en España, este Same Old Story (editado de nuevo por Gaztelupeko Hotsak, sello gipuzkoano especialista en sonoridades negroides) requiere tomar distancia para ser visto en toda su plenitud, dada su grandeza. Nos explicamos:

Depurados aquí sus hábitos blues rock en incontestables ramalazos setenteros como “No Regrets”, “Down The Road” o “Mongo”, o esa bestialidad llamada “Taste It” con la armónica de Eric Oblander de Five Horse Johnson (que no desentonaría entre el repertorio de la JSBX), se añaden deliciosos highlights de genuino sabor americano done bajan las revoluciones (“Up”, “Long Time Running” o la balada “Maybe”), macerados a uno y otro lado del cristal por la sabia mano de un Hendrik Röver que logra extraer la esencia misma de la banda haciendo llegar a nuestros oídos el vigor y la calidez que caracteriza el directo de los vigueses. A esto, que ya de por sí podría ser suficiente, añadimos ahora un inesperado plus, pues si en algo nos han sorprendido nuestros amigos de la ciudad del Dixie, además de por esos deliciosos matices que aporta Isaac Campos a los teclados, es por una versatilidad que hasta el momento escondían. Y es que la historia del blues se proyecta aquí en forma de repaso transversal en manifestaciones que van desde el espiritual, en “My Lord”, atravesando las aguas del delta camino a Chicago (“Lightnin’ Hopkins”, “Lost Peter’s Blues”), hasta las canónicas formas eléctricas vindicadas por hijos blancos del estado del bienestar (“Friends”). Bajo y batería son, de nuevo, uno solo, la dicción de Pepe Ferrández es más clara y su voz más reposada, menos grasienta. Si para colmo entregan una guinda del nivel de “Useless Dog” que, para servidor, es el mejor tema de la trayectoria de Dixie Town, (y ojo que, con tan soberbio repertorio, estamos hablando de palabras mayores), no podemos sino arrodillarnos y rendirnos.

Corran a su tienda más cercana (o compren el CD vía bandcamp)

Texto e ilustración por Barce.

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