Finales de agosto de 2016.

El pasado martes curré por primera vez en mi periplo escocés. Bueno, realmente, era la última fase de un proceso de selección que consistía en una prueba de 4 horas para un puesto de Marketing & Sales Assistant, o eso creía.

La prueba era originalmente de 2 a 6pm (post merienda), me avisaron de que debía ir vestido completamente de negro, me emplazaron en una tienda de la compañía en plena Royal Mile y que allí buscara a un(a) tal Nass, que por alguna razón que desconozco, asumí que sería una señora de Europa del Este de nombre completo Anastasia. Primer error.

Llegué a las 1:53, nada de oficina por ningún lado. Se trataba de la típica tienda de souvenirs 100% Scottish, en pleno corazón turístico de la ciudad y que vendía kilts (que son las tradicionales faldas escocesas que usan los hombres), bufandas de algodón y cachemir de clanes escoceses, galletas de mantequilla, llaveros, imanes para la nevera y alguna camiseta y vasos de chupito con el mensaje: I Love London.

Pregunté a una de las empleadas por el/la tal Nass y me dirigió a un señor de origen indio, quizá pakistaní. Nass llevaba un viejo traje gris que le quedaba grande, una boina que tapaba torpemente una incipiente calva y, al menos en la mano derecha, no tenía las falanges completas. Cosa que fui a descubrir en nuestro primer apretón de manos. Tengamos en cuenta que mis manos son enormes y como quería impresionar desde el primer momento, estreché con confianza y firmeza, bien fuerte, proyectando un saludo que irradiaba seguridad en uno mismo. Acabé estrujando y envolviendo con mis enormes palas de carne humana, una pequeña manita que apenas presentaba resistencia. Al tiempo nos mirábamos a los ojos y mientras decía: -todo transcurrió en inglés pero traduciré al castellano donde y cuando me vaya apeteciendo- “soy Med, encantado”. Badfinger, porque lo vamos a llamar Badfinger, me increpa: “Has llegado tarde y parece que nadie te ha avisado de cómo debías venir vestido.”

Badfinger: Llevas vaqueros, camiseta y zapatillas. Deberías llevar pantalón, camisa y zapatos.
MV: Me dijeron que debía vestir de negro y esta es la ropa negra que tengo… pero oiga, todavía no son las 2, no he llegado tarde.
Badfinger: No me des justificaciones que no he pedido. ¿Vives lejos? Ve a cambiarte y te hacemos la prueba.
MV: Vivo a unos 40 minutos en autobús pero da igual porque pantalones negros no tengo más que estos y camisas sólo azul klein, estampadas y con flores…
Badfinger: Te quiero hacer la prueba pero así no se puede… LOS ESPAÑOLES SIEMPRE ME HACÉIS LO MISMO. Ve a cambiarte y si llegas antes de las 6, como cerramos a las 10, te hago la prueba.

Mal, vamos muy mal, pensé. Ya estaba bastante mosqueado, salí de la tienda sin tener muy claro lo que iba a hacer. ¿Comprarme ropa para una prueba de un curro que huele tanto a chamusquina desde el primer instante? ¿Cómo demonios voy a soportar a semejante individuo? ¿Después de empezar con tan mala pata, o mano, me iba a contratar? Además, el puesto era, como mucho, de Shop Assistant… ¿por qué diablos no me he traído un par de zapatos a Edimburgo? No las tenía todas conmigo, estaba seguro de que estaba perdiendo el tiempo pero me dije: a tomar por culo. Vamos a probar.

Aprovechando las rebajas me metí en un H&M y por 70 pavos me puse de punta en negro. Una vez arregladito pensé en acercarme a Badfinger y decirle: “mira, que no quiero trabajar aquí”, pero al final acabé pasando por el aro. Me convencí de que trabajando de cara al público me pasarían muchas movidas graciosas y que incluso sería positivo para vencer mi enfermiza timidez.

Para las 3.30pm ya estoy de vuelta en la tienda. Le propongo una fresh start a Badfinger y a ese ser demoníaco le cambia la cara mientras se deshace en explicaciones y elogios hablándome de SU trabajo. Le pone mucha pasión a su discurso pero aquello no dejaba ser una puta tienda de souvenirs bastante desordenada, algo sucia y fea de cojones. No había más. A los 4 minutos de supuesto training/trial, me pide que le tome medida a dos gigantescos turistas holandeses interesados en probarse unos kilts y me pide que les venda el pack completo (kilt, sporran, flash kilt, ghillie shirt, pin kilt, la pintura de dedos para la cara, la boina, la pluma y un cardo…) y que trate de llegar a las 400 libras.

  • ¿He tomado medidas a alguien en mi puta vida?
  • ¿Sé cómo se pone un kilt? Es más, ¿he tocado un kilt en mi puta vida?
  • ¿Tengo idea de a qué se refiere con un pack completo o de qué se compone?

 

Por supuesto que no, pero me pongo a la faena. Con un metro de sastre (que me acabé quedando, ahora que lo pienso) debajo de las barrigas de dos pedazo de gordos tomando medidas y diciendo que la falda, perdón, kilt gris (ahora sé que es una Hamilton Grey) es la que yo tengo y que el monederito (sporran) es súper importante para que no se les escape el mandao y, sobre todo, para llevar la cartera, las llaves, un abrebotellas si es menester porque el kilt no lleva bolsillos… Repito que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Consigo que se prueben los kilts, improviso que prueben el vuelo de las faldas y les pido que griten libertad a lo Braveheart. Cojones ya. Badfinger me aborda para preguntarme que qué infierno estoy haciendo pero al mostrarle la felicidad de los orondos turistas se retira a la caja registradora.

Milagrosamente les vendo los kilts y unos cuantos complementos en forma de pack a ambos guirufis. A uno le salía la broma por unas 260 libras y al otro por un poco menos. Eso en un cuarto de hora de prueba y sin haber tocado un kilt antes. Ha nacido una estrella, he nacido para vender me digo… pero resulta que no tenemos flash kilts, que ahora sé que es un puto trozo de tela inútil que se pone en los calcetines, por lo que dejaba incompleto el pack más caro. Badfinger, que tiene cara de comadreja, ve una venta segura tambalearse y me dice que vaya a otra tienda de la compañía. Hay como una docena o así sólo en la Royal Mile. Me asegura que va a llamar para que le hagan la transferencia de la mercancía y que vaya corriendo a por ellos. No tengo ni zorra idea de dónde queda la tienda, cuyo nombre era no sé qué de Edinburgh o no sé qué de Scotland pero no lo tengo claro porque me ha mencionado como 9 tiendas diferentes primero. Pido indicaciones más precisas y concisas y, literalmente, me replica con un: left, right, left, no traffic lights, right, right, right?

Salgo de la tienda más desorientado de lo normal y como me suena haber visto uno de los no sé qué de Scotland mentados por Badfinger, allá que voy. Llego, explico mi situación y aunque nadie sabe de qué estoy hablando y afirman no haber recibido llamada alguna de Badfinger, se apiadan de mí y me entregan unos flash kilt de esos con los que regreso a la tienda para cerrar la venta.

Me siento un crack pero en cuanto Badfinger ve el papelito de la transferencia se vuelve a poner como un jodido energúmeno.

Badfinger:  Te he pedido que fueras a no sé qué de Edinburgh y has ido a no sé qué de Scotland. ¿Por qué?
MV: Perdone pero me he liado
Badfinger: ¿No me he explicado con claridad?
MV: Pues sí… left, right, left, no traffic lights, right, right, right?
Badfinger: ¿Entonces por qué has ido a no sé qué de Scotland?
MV: Porque me he liado. Ahora es muy obvio que usted se refería a no sé qué de Edinburgh, pero en el momento no.
Badfinger: NO SÉ SI ERES MUY ESTÚPIDO O MUY LISTO
MV: Ok, lo siento, me he equivocado y no volverá a pasar pero ahora me está insultando.
Badfinger: ¿Insultarte? Sólo he dicho que aún no sé si eres muy estúpido o muy listo… ¿Es eso insultar?
MV: A cumplido no suena, pero vamos a no faltarnos ¿vale?
Badfinger: Acompáñame… ¿ves ese maniquí en la esquina? Pues ese maniquí hace este trabajo mejor que tú lo estás haciendo.
MV: Vale, yo me largo. Ya está bien. Siento si le he hecho perder el tiempo, si le sabe mejor, no le quepa duda de que el mío lo he perdido.
Badfinger: No te puedes ir hasta que termine la prueba, sólo estoy tratando de explicarte que has cometido un error muy grave.
MV: Vale, fallo mío, he ido a la tienda que no era, acepto ese error pero a ver… ¿no puede llamar a no sé qué de Scotland o de Edinburgh para decir que el cliente ha cambiado de parecer y que ya no necesita la mercancía?
Badfinger: No es tan sencillo. Sin ser nadie, has ido a una tienda y te han dado sin más un producto ¿y si te llegas a ir con lo que te han dado y no volver?
MV: ¿y qué diablos iba a hacer con unos flash kilt de esos?

Quería irme pero Badfinger, que resulta ser una drama queen de cojones, me hace creer que no puedo hacerlo hasta que se solucione el desaguisado que he provocado. Seguro que no era nada pero el tipo lo usa sin contemplaciones para tenerme allí más rato. Por si fuera poco me dice que mi chaquetilla y la ropa que llevaba antes de cambiarme la tiene en la caja y que no me la da hasta que cumpla las 4 horas de prueba. Con mi ropa secuestrada y responsabilizado de un delito que no había cometido, decido bajar la cabeza y esperar que pase el rato.

 

Badfinger acabaría confesándome que es el último día de rebajas de agosto, la tienda está a reventar y debería haber 4 personas trabajando y sólo estamos 3. Contando a un chaval a prueba que no sabe qué demonios hace (yo, vamos) pero que acabó doblando 184 bufandas. También volvió a pedirme hacer recados a otras tiendas y aunque no volví a confundirlas, el malnacido parecía cronometrarme y decirme que me había llevado 7 minutos 39 segundos para algo que se podía solucionar en un par. Yo simplemente alegaba que no quería el trabajo, que me iba a quedar mis 4 horas como penitencia del lío provocado pero que no lo quería, que me daba igual todo. QUE NO LO QUIERO.

Doblando bufandas se me acercó un turista japonés, que se parecía una barbaridad a don Takeshi Kitano, y me dijo que quería una capa de hombre como las que nosotros, los escoceses, usamos. Irremediablemente, me puse a mentir. Cogí una manta que valía unas 90 libras y se la puse sobre los hombros mientras aseguraba: “esta tiene un tartan muy guapo, es una Buchanan, como Mitch Buchanan, el vigilante de la playa”. El japonés insistía en que se la pusiera como nosotros la usamos. Cogí la manta y la enrollé alrededor del simpático turista como si fuera un rollito buchanan de persona humana. Se desenrolló, fue a pagar a Badfinger y me pidió que volviera a ponérsela. Mientras lo liaba como a un canuto le comentaba que yo tenía la misma y que en ese momento no, porque estaba trabajando y hacía calor, pero cuando refrescaba me la ponía igual que él la llevaba. El turista se marchó pleno y feliz totalmente enrollado en su flamante capamanta. Envuelto para regalo iba el campeón. Si va a ser que tengo un don para vender. Pasan las 4 horas de prueba y he llegado a las 500 libras vendidas y a aborrecer a los Red Hot Chili Pipers. Hora de irse, creía…

Me acerco a Badfinger y le digo que nuestro tiempo ha acabado, le doy las gracias por la oportunidad, pido disculpas por la metedura de pata y me vuelvo a despedir. Badfinger responde con un te tienes que quedar hasta el cierre porque estamos pocos y la tienda a tope. Le digo que creo que no y que no quiero el trabajo. Me responde que por su parte ha olvidado nuestras diferencias y que si quiero el trabajo es mío y que puedo empezar mañana mismo pero que por favor me quedase. Me empieza a explicar que precisamente en no sé qué de Scotland ha robado un tipo con una cicatriz y que, por lo menos, me quede en el pasillo central donde se controla toda la tienda. Que eche un ojo por si aparece y que si lo veo… Si lo veo, le interrumpo, entre los dos nos lo llevamos todo. ¿Qué pollas quieres que haga si lo veo? ¿Me dejo atacar por Scarface de una puta tienda en la que no quiero trabajar? Al final aguanté hasta el cierre (21:45) como un imbécil pero sin meterme en líos.

Iba para cuatro horas a que me hicieran una prueba y me explotaron de lo lindo por más de seis, me insultaron, recibí un trato del todo irrespetuoso, me costó el tiempo y el dinero y me reliaron del copón. Al cerrar, Badfinger me dice que me esperaba a la mañana siguiente, un poco antes de las 9. Contesté en tono inequívocamente sarcástico con un: sure, beauty, I’ll be here… Como si no hubiera dejado clara mi postura ya.

Al llegar a casa, completamente destrozado de doblar bufandas, le escribí a la chica de recursos humanos para quejarme de la encerrona… cosa que al final no hice, seguramente, por un caso extremo de complacencia inútil pero sí que avisé de que no iría más. Poco más tarde, a las 6:59 de la mañana, me contestó ofreciéndome un puesto diferente. Mozo, pero que digo mozo… ¡mozuelo de almacén! Vamos pues allá.

 

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