Es recomendable huir de las ingentes cantidades de discos frívolos y monumentos al ego que uno encuentra en el indie español. Además, diría que es sanador refugiarse en discos como los que dibujan la carrera de DePedro. Discos que pueden dar con más o menos puntería en la diana, pero que serán disparados desde el corazón y el trabajo duro, nunca en vano, nunca errando.

Para el registro de La Increíble Historia de un Hombre Bueno, Jairo Zavala volvió a meterse (al igual que hace gente como M Ward, Neko Case e Iron & Wine) en los Wavelab Studios de Arizona, para producir sus nuevas canciones, ayudado por Craig Schumacher. En estos tres años desde Nubes de Papel, Jairo se ha curtido junto a sus ya inseparables John Convertino y Joey Burns como miembro de pleno derecho en Calexico, ha tocado con gente de la talla de Los Lobos o Evan Dando (Lemonheads), y su música ha pisado paises como Rusia, Italia, Suiza, Reino Unido, Grecia, Bélgica, Guatemala, México, El Salvador, Estados Unidos e Israel. Es difícil encontrar un caso similar de proyección internacional en los últimos años por un músico español. Si encuentran ustedes un caso, dudo que lo lleve con la honestidad y humildad que derrocha este tipo, hijo de padre peruano y madre criada en Guinea.

Por mucho que Jairo quiera escapar de la cualidad desértica de sus canciones, es casi imposible que DePedro se consiga desprender de ese componente folk americano al que se asocia su música («All the way to the ground«), más difícil aún lo será si la sección rítmica de tu banda la forman los fundadores de Calexico. Al igual que los de Arizona, la música de DePedro es global, rica en matices alimentados desde cualquier rincón del mundo pero pasados por el colador de un músico latino educado en patrones transoceánicos (Vacazul). Solo así se explican colaboraciones tan dispares como las del africano Tony Allen (batería precursor del Afrobeat y mano derecha de Fela Kuti) que impregna con sutil originalidad el ritmo de «Invulnerable«, o el rockero Bernard Fanning (de los australianos Powderfinger), que cede su voz en la bonita «You and I«. Por otro lado, el personalísimo timbre de voz y las maneras de Jairo son los principales culpables, en opinión del que firma, de que las pequeñas canciones de DePedro hayan calado tan hondo entre cierto público español. Su cercanía y expresividad dan credibilidad suficiente a unas melodías que se pegan más allá de la oreja, en la psique y en el corazón.

Si vamos a las canciones, las hay excelentes. Desde el single «Hombre Bueno«, pasando por la metafórica muestra de rabia que es «¿Qué habéis hecho?«, esa dolorosa maravilla que es «Ella sabía«, la emotiva «A veces» (con doble ración de órgano Mellotron) hasta presumibles favoritas como «Cuando te despiertes» o «Una vez más«. Alguna quizá se resista a entrar en las primeras escuchas pero, como en todos sus discos, al final, las canciones de DePedro tenderán exponencialmente a crecer. No se preocupe pues el oyente, el mejor ejemplo lo encontrará en su disco debut: hace ya 5 años de su edición y no vea usted lo que han crecido desde entonces aquellas pequeñas canciones.

Hombre Bueno

Texto e Ilustración por Barce.

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