Originariamente publicado como un diez pulgadas en 1954, Chet Baker Sings volvía a ser editado por Pacific Jazz dos años después, ahora en forma de elepé, añadiendo seis temas registrados en julio de 1956 a los ocho que ya habían visto la luz. Independientemente del año de grabación, estamos ante una serie excelente de canciones populares de la primera mitad de siglo exquisitamente llevada al terreno cool —versión costa oeste— que tan bien dominaba Chet Baker. Como su título indica, la voz de Baker es protagonista del disco, regalándonos interpretaciones aterciopeladas e irresistibles que dan carácter unitario al trabajo a pesar de la diversidad de compositores. Sin embargo, dicha homogeneidad de calidad y sonido no es óbice para destacar las sobresalientes adaptaciones de “The Thrill Is Gone” y —especialmente— “My Funny Valentine”, nostálgicas y sensibles hasta decir basta en su cadencia sentimental. No toda la delicadeza que durante cerca de tres cuartos de hora nos cautiva se debe a las cuerdas vocales de Chet Baker, claro, pues los momentos en los que hace uso de su trompeta son igual de hermosos y los músicos que le acompañan están a la altura: Russ Freeman al piano y ocasional celesta (“My Ideal”, “I Get Along Without You Very Well“) en los catorce cortes; Jimmy Bond (1956) y Carson Smith (1954) al contrabajo; y Peter Littman, Larance (¿o Lawrence?) Marable (1956) y Bob Neal (1954) a la batería. Como afirma Michael Heatley, “El álbum dio a conocer las aptitudes vocales de Baker a su público, pero provocó el malestar de algunos puristas del jazz“. Convertido más de medio siglo después Chet Baker Sings en un clásico incontestable, aquellos puristas de antaño se revelan meros imbéciles reluctantes a la belleza, pendientes de un (falso) prurito intelectual con el que mantener una posición tan pedante como ridícula desde la que poner peros a todo excepto a su propia estulticia. Embelesado por Baker y sus compañeros de viaje, las quejas de los garantes de la pureza —Miles Davis, Bob Dylan o Enrique Morente las conocen bien— me traen a la cabeza aquellos versos de Eskorbuto (“Vuestro entorno huele a podrido / Vuestras palabras son ladridos“) que con tanta precisión caracterizan a dichos badulaques. Por fortuna, no hay sino que hacer sonar de nuevo “That Old Feeling” para alejar de mí su toxicidad, mientras pienso en los trece placeres ante los que caeré rendido por enésima ocasión.

Time after time

Texto por Gonzalo Aróstegui Lasarte.
Ilustración por Barce.

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