No hay tiempo para soñar, tengo que levantarme y hacer lo mío“… algo así venía a aullar y cantar el bueno de Charles Bradley en la canción que daba título a su disco de debut. El impresionante y fabuloso No Time For Dreaming. Era 2011, él ya tenía 63 años y desde entonces, el también conocido como the Screaming Eagle of Soul, no ha hecho más que predicar con el ejemplo. Girando sin parar, recorriéndose cada rincón del planeta y demostrando cada noche sobre un escenario el alma, el talento, la clase y la casta que corre por sus venas. Compartiendo la tremenda fuerza e impacto de su voz y la calidez y enormidad de su presencia escénica. Todo el trabajo duro, al fin, ha traído recompensa. Ese mundo en llamas al que le cantaba ahora le presta merecida atención a su obra y a un imprescindible documental que recoge la historia de su vida: Charles Bradley: Soul of America. Bradley ha hecho realidad el sueño que no tuvo tiempo de soñar por estar demasiado ocupado luchando para tirar hacia adelante. Sólo él sabe lo que le ha costado llegar hasta aquí, pero ha llegado y nosotros lo celebramos a lo grande. Victim of Love es su segundo trabajo. La confirmación de que el señor Bradley es el alma que necesitábamos.

Bradley se ha convertido en una de las grandes joyas de Daptone Records, de hecho fue “descubierto” por el propio Gabriel Roth, uno de los fundadores del sello. Una compañía discográfica empeñada en dar, con exquisito mimo y pasión, renovado lustre a géneros como el soul, el funk o el R&B, huérfanos desde hace demasiado tiempo de nombres impregnados en carácter y talento. Género que ahora cuenta con huracanes como el mismo Bradley, Lee Fields o la indiscutible reina Sharon Jones. Artistas ya consagrados que junto a jóvenes, que más que a promesas apuntan a auténticas realidades (Michael Kiwanuka, Hannah Williams, Frank Ocean o Liam Bailey) y que hacen que los que tenemos alma de blues o corazón soulero vivamos con renovada esperanza aun en 2013.

Victim of Love continúa la senda de No Time For Dreaming. Las premisas aquí son prácticamente las mismas que allá. Si acaso, más luz gracias a psicodélicos escarceos. En definitiva, volvemos a encontrarnos a Bradley haciendo equipo con Tom Brenneck en las labores de composición, una instrumentación deliciosa y el increíble y estremecedor chorro de voz del Águila del Soul.
Canciones paridas hace meses, un par de años a lo sumo, pero que llevan vividas décadas, toda la vida. La que lleva como alma errante desde niño, la vida que reflejan los surcos que marcan su rostro. Sentimientos, emociones, sonoridades puramente 60’s, que beben directamente de esas leyendas que surgían de casas como Atlantic, Stax Goldwax

El disco arranca con “Strictly Reserved for You”, la sección de viento resopla poderosa, las guitarras crujen de forma que harían babear a Dan Auerbachlas impepinables líneas de bajo hasta arriba de funky y la voz de Charles Bradley, desgarradora. Rezumando fuerza, destilando clase. Como los tipos finos, sabe que no todo es gritar, también hay que saber controlar, seducir y transmitir. Pasión y ternura, abrazos y caricias. Así conjuga Bradley sus armas durante el primer tercio del LP: “You Put the Flame On It“, “Let Love Stand a Chance“, “Victim of Love“. Un álbum, como no podía ser de otra forma, claramente gobernado por el amor, pero no se equivoquen, hay mucho más que eso. “Love Bug Blues” quema desde el abejorro que la precede, luego una vibrante pieza instrumental, “Dusty Blue“, que acaba desembocando en “Confusion“, una explosión multicolor psicodélica-funky que te dejará atónito, ¿y ahora? ¿dónde vamos ahora? Pues justo a uno de los puntos álgidos de la obra “Where Do We Go From Here?” Más psicodelia en un tema brutal. Por su parte, la terna final “Crying in the Chapel“, “Hurricane” y “Through the Storm” son puro e intenso sentimiento. Muy rico. Genuino y puro terciopelo para el alma.

¿Se puede, superados los 64 años, seguir creciendo? Victim of Love es una inmejorable prueba de ello.

50 años antes, su hermana lo llevó al teatro Apollo a ver actuar al incomparable James Brown. Háganse una idea, si lo desean, escuchando y sintiendo el imprescindible Live at the Apollo ’62 del Godfather of Funk.  La apabullante descarga sísmica que debió recibir el bueno de Bradley tuvo que ser tan enorme que aún hoy se puede sentir el poderío de Brown en la música de the Screaming Eagle of Soul. Magia, corazón, rabia, emoción, vida. Qué demonios, que no nos falte…

Charles Bradley – Strictly Reserved For You

Med Vega.

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