Hay vértigos que no causan sensación de torbellino y lluvias que no son tormenta que calan hasta más allá de los huesos. Nuestra querida Chan Marshall (aka Cat Power) por fin llegó a Madrid y nos brindó una noche inolvidable, una velada que fue toda pura emoción desbocada, honestidad, personalidad y alma. Mucha alma.

La de Atlanta iba a presentarse en la Riviera madrileña un par de años después de la publicación de Sun y de cancelar la que hubiera sido la puesta de largo de dicho álbum en el Primavera Club de aquella temporada 2012. Los días previos a la cita que nos ocupa ya canceló en Copenhague, Berlín o una de sus dos noches en Londres debido a una gripe, así que no ocultaremos que contuvimos la respiración prácticamente hasta que la tuvimos ante nosotros, pero esta vez fue la nuestra.

Tras la más que correcta, divertida y fina actuación de los Venus and the Moon,  se iba a personar una bellísima Chan de riguroso negro y flamante embarazo. No necesitó más que una guitarra, su piano de cola, un par de micrófonos, su poderosa voz de arena y miel y su no menos singular carácter para conectar con todo aquel entre el público provisto de un corazón latiente durante las dos horas largas que duró la actuación.

Momentos de infinita ternura, su timidez y humildad se hacen más que evidentes en las distancias cortas, se suceden con otros de una belleza arrebatadora, de intensa emoción y sentimiento, pero también de tensión. Hubo no menos de un par de situaciones en las que fácilmente todo podía haberse ido al jodido cuerno. El caos y el talento conviviendo puerta con puerta y a Chan te la crees. Su propuesta no puede ser más sincera, sus agradecimientos y disculpas más sentidas y aunque me gustaría no cometer el error de comentar más allá de lo que un servidor y su acompañante sintió-vivío durante la noche, nuestra percepción fue que la complicidad con el público y el respeto no pudo ser mayor en ambas direcciones. Hubo una respuesta cálida a cada mirada, a cada sonrisa.

De la treintena de canciones que interpretó, con sus luces y sombras, sus fallos y sus aciertos, vamos a destacar una vibrante Fool, la estremecedora Names, un I Don’t Blame You estratosférico, Maybe Not, Ocean, Werewolf, las sublimes barbaridades que son The Greatest y Good Woman, canción que te raja completamente desde los acordes iniciales, Remember Me, original de Otis Redding  (no lloré, es una alergia carajo) o el Paths of Victory de Dylan que dedicó al fallecido Teenie Hodges en el día que hubiera sido su cumpleaños. Teenie participó en The Greatest y fue durante muchos años la mano derecha y guitarra de Al Green. Ahí es nada. 

Especialmente collejo y de nuevo de una honestidad brutal fue el momento del adiós, Chan que se movía con muchísima dificultad, no digamos ya agacharse, pero firmó cada CD y vinilo que se le lanzó al mismo tiempo que repartía flores y prácticamente se despedía de todo aquel que le hiciera un mínimo gesto.

Nunca dejará indiferente, se distrae con la misma facilidad que siente lo que canta de forma tan poderosa y real que empatizar con ella es un juego de niños. Siempre compleja, siempre Chan. No es su cara, ni el color de su cabello lo que nos arrastra a querer abrazarla y desearle todo lo mejor y solo lo mejor…

Chan, que la luz te acompañe a cada paso.

Texto por Med Vega (and I will love this love forever)

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