A decir verdad no tenía ni idea de quién era Carlos Cros hasta que un día, hará un par de años, el buen gusto de Santi Campos invitaba desde facebook a acceder a su bandcamp. Durante un tiempo (la página acabó por cerrar) aquellas canciones acreditadas a Carlos Cros y los 400 golpes llegaron a sonar compulsivamente desde los altavoces de mi ordenador, desprovistas de los graves que se exigen a una buena escucha. El motivo principal de volver a aquellos temas era una maravilla en forma de canción que, con total seguridad se cuenta entre las mejores canciones en español escritas en lo que va de siglo. Su título «¡Qué estupidez!» y su existencia hoy justifica por sí sola la adquisición de Nadie se resiste al Amor, segundo LP de Carlos Cros.

Como le pasa a los mejores discos, la foto de portada además confiere un atractivo extra que le va que ni pintado al contenido. Tiene ese romanticismo taciturno y decadente de las fotografías de William Eggleston.

En lo musical, el ex-Selenitas tiene el descaro y la socarronería que se presume a toda rock star que se precie, pero con un elemento diferenciador que a la postre es el que le sitúa por delante de otros autores de similar pelaje que se quedan en el dibujo animado. Hablamos de ese intangible que desprenden sus urbanos textos, esa implícita pluma de enfant terrible, de magnético y atractivo loser. Contra la chulería impostada predominante del género, el de Barcelona coquetea constantemente con el/la oyente. Así, mientras por momentos parece quererse esconder tímido tras su enorme flequillo, al rato despeja su rostro con desarmante sinceridad.

¡Qué estupidez! 

Nota aparte merece su registro vocal tan alejado del prototipo varonil y junto a su fino y agudo timbre suma su distintiva forma de encajar palabras, perfectamente destartaladas.

Si bien hay en este delicioso álbum minutos edulcorados (algunos no aptos para diabéticos) yendo a parar por momentos a lugares comunes (esos valses tan Bunbury, tan Vegas), el desequilibrio finalmente se produce del lado de temazos como «Nadie se resiste al amor» o «Mi dolor de cabeza favorito» que revisitan la mejor tradición rolling, tirando del hilo más reivindicable de Tequila y Ronaldos, y de unos estribillos construidos de tan prístino powerpop que uno se pregunta cómo no se han escrito antes.

No Más Lágrimas

Texto e ilustración por Barce.

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