Siempre he tenido cierto recelo a Joey Burns y John Convertino desde que supe que dejaron prácticamente en la estacada a su mentor Howe Gelb, aún a flote en los nunca suficientemente reconocidos Giant Sand, pero aún así uno no puede evitar recuperar cada equis tiempo aquél fantabuloso Feast of Wire, tan disfrutable hoy como entonces. En el trayecto Calexico se han hecho grandes. Han recorrido tal multitud de senderos que su abanico más que abrirse cual resplandeciente cola de pavo real, se ha expandido como ondas concéntricas en el agua. Poco acertado quizá el simil ya que, ciertamente, el centro o punto remoto de su sonido es y será siempre la aridez, ese sonido polvoriento de los lejanos y maravillosos primeros días allá en Tucson. He aquí que este dúo de multiinstrumentistas siempre en constante movimiento, siempre en perenne mutación, venía de publicar varias bandas sonoras como Circo y The Guard (de alguna manera Calexico siempre ha compuesto soundtracks) y un poco antes incluso Carried to Dust (2008), tal vez su obra más ambiciosa, algo así como un crossroads conceptual alrededor de la supervivencia del ser humano más allá de las fronteras políticas. No es de extrañar pues que cogieran el petate y se piraran lejos por una temporada. De hecho Burns y Convertino se fueron con lo puesto, con lo preciso y necesario que se ha de llevar uno cuando va a una ciudad como Nueva Orleans. Nada de colaboradores de lujo o los grandes nombres de otras ocasiones (Iron & Wine, Tortoise, Neko Case, Nancy Sinatra, Amparanoia…). Jacob Valenzuela a la trompeta, Pieta Brown a la voz, su cada más inseparable Jairo Zavala, de los recomendabilísimos DePedro, y pare usted de contar.

Al escuchar este Algiers, séptimo disco ya, lo primero que comprobamos es que, si bien, el cuerpo de sus canciones no se ha visto impregnado por ese característico sonido New Orleans, tal vez sí lo haya hecho el alma de la ciudad, el espíritu de humanidad inquebrantable que sostiene su estructura, ese misterioso magnetismo. Tal vez sea eso lo que convierta el repertorio de Algiers en el más cercano al oyente. Por primera vez en mucho tiempo, el receptor no es simplemente observador de esas historias narradas en movimiento. Aquí la música, menos experimental, más concreta, y las estructuras menos esquivas y, porqué no, más pop, nos convierten en acompañantes de cada trayecto, ya sea este geográfico o sentimental. Por ejemplo, la salsera «Puerto», situada en la República Dominicana, no es más que la eterna historia de existencia marcada por la migración sur-norte, en busca de otra cosa que no sea lo que se tiene. Fantástico el apoyo vocal de Mr. DePedro, por cierto. Además, en la reflexiva pero intensa «Better to better«, el protagonista se pregunta «Is it better than staying back home?», ancestral dilema de constante presencia en la realidad actual. Otro desplazamiento, esta vez emocional, describe en «Maybe on Monday» el sutil deslizamiento del amor por el desagüe de la rutina. O directamente la separación física, el dolor de la pérdida presente en la mariachi «No te vayas». Es esta una de las mejores piezas de la tajada, tal vez por la perfecta conjunción de voces en castellano: «¿Porqué te vas mi amor sin mis caricias? ¿Porqué te vas mi linda sin besarme con amor?», o tal vez porque me recuerdan a Los Lobos.

Hay momentos más amables, como la bonita «Fortune Teller«, o la redonda «Splitter«, temón de los que hacen capillita entre los más fans. «Sinner in the Sea» sería el perfecto ejemplo de copla fronteriza de esas que han granjeado el hoy archiconocido e identificable sonido Calexico. Y digo sería porque en ella el siempre comedido Burns parece verse poseído por la rabiosa intensidad de los implacables 16 Horsepower. Además asoman sonoridades de latitudes menos transitadas como en el caso de «Para«, donde los Radiohead de OK Computer parecen pasar de refilón.

Una vez más, al terminar este muy disfrutable Algiers, me voy sin poder decir si estamos o no ante el mejor disco de Calexico. Probablemente no lo sea, pero su condición de disco más que notable, lejos de producir déjà vu, me induce a desear que aparezca ese recopilatorio definitivo de su carrera e imaginarme degustándolo sin complejos ni ránkings.

Splitter

Texto e ilustración por Barce

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