Ni más ni menos que medio siglo editando discos cumplía este año el archiconocido y siempre enigmático Bob Dylan. Motivo de celebración para sus incondicionales más aún después de comprobar que su capacidad para mantenerse en la brecha sigue intacta.

Nunca tuve endiosado al genio (porque lo es, claro está) de Duluth, Minnesota, así que no tengo compromiso alguno para limitarme a expresar mis impresiones sobre Tempest sin el más mínimo peloteo. Evidentemente es un señor disco, una deliciosa colección de revisiones a la música tradicional norteamericana del siglo pasado. Sin embargo, he de reconocer que tampoco se trata de la obra ambiciosamente espectacular que tratan de vendernos algunos medios, nada más allá de lo que viene ofreciendo en sus últimas entregas.

Los textos son capítulo a parte, no hay lugar a dudas. «Tempest«, la canción, con sus casi 14 minutos de vals folclórico narra con detalle el hundimiento del Titanic, o quizás se refiera al fin de Occidente tal y como lo conocemos, «Roll On John«, por otra parte, es una balada escrita a la memoria de su amigo Lennon que se va hasta los 7 minutos y medio. Ambas serían carne de tésis doctoral, pero quedan lejos de poderse considerar obras mayores ya que en su vertiente instrumental simplemente mantienen el tipo. Y uno no es tan fanático ni tan bilingüe como para concederles el sobresaliente sólo por su parte lírica.

Donde sí que anda fino Robert, galardonado en 2007 con el Príncipe de Asturias de las Artes, es en las brillantes y delicadas «Scarlet Town» y «Tin Angel«, misteriosas y nocturnas baladas facturadas con un tacto exquisito, como las que viene salpicándonos desde allá por el 97 en su última cima Time Out Of Mind.

El blues «Narrow Way» tampoco pierde el viaje. Una trepidante carrera por la supervivencia en la que el canalla advierte que se mantendrá en la pelea mientras mantenga el más mínimo vestigio si no de fuerza, al menos de cordura. Hasta la tumba: «It’s a long road, it’s a long and narrow way, If I can’t work up to you, you’ll surely have to work down to me someday«.

Duquesne Whistle

Además, con un single de presentación tan magnético como «Duquesne Whistle«, verdadero gustazo a la manera de New Orleans, es imposible resistirse. El tímbre y la textura que presenta su voz a los 71 años es quizá el más personal y negro de toda su carrera, patente en la rizmanblusera «Early Roman Kings«. Una maravilla.

Con la violenta «Pay In Blood«, mi favorita, deja caer su dardo sobre los poderosos y miserables políticos que nos gobiernan.

Una de las virtudes de Tempest es la inmediatez y espontaneidad con que pergeña todos y cada uno de los palos del cancionero popular de su país, pese al par de deslices de minutaje apuntados anteriormente. La gloria de este Dylan es que sabe recuperar como nadie las formas más exquisitas del pasado para convertirlas en historias lúcidas, relatos actuales cargados de imágenes poderosas que siempre ofrecen una lectura crítica de la sociedad; o como poco, ayudan a expandir la poliédrica y compleja personalidad del autor sin caer en la parodia o la condescendencia.

Rozando el notable.

Texto e ilustración por Zorro de la Dehesa

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