Hace ya mucho tiempo que los angelinos BRMC se presentaron en sociedad como un ente interesante y fresco de querencia por las guitarras grasientas y reverberantes, claramente deudores de The Jesus and Mary Chain pero con suficiente gancho entre tanta basura del por entonces nuevo siglo como para destacar junto a compañeros revivales de generación como Los Strokes, Interpol, The White Stripes, The Kill, The Rapture o The Libertines. Al final resultó que ninguna de esas bandas superó las expectativas creadas a primera instancia, salvo honrosas excepciones, como Mr. Jack White y los propios Hives.

En pleno 2013, más de una década después de aquello, Black Rebel Motorcycle Club han perdido por completo el instinto asesino de su debut, ya ni siquiera funciona con ellos aquello de que los discos buenos son los impares porque se encargaron de jorobarlo, tras su tercero, el acercamiento acústico al blues y al gospel de Howl no han hecho más dar palos de ciego, lo que convierte precisamente a su segundo Lp en la tercera de sus piezas salvables de la quema (en caso de que hubiera que salvar algo suyo, claro está) y el hecho de que parezcan casi más viejos que los propios Jesus & Mary Chain en las fotos promocionales dice muy poco bueno a favor de lo que podemos esperar en este Specter At The Feast (salvo por la presencia eso sí de Leah Shapiro a la batería).

El disco se abre con «Fire Walker«, quizá una de las pocas canciones inspiradas del lote, densa y pesada como una tarde de verano en la oficina arranca el pulso con una cadencia melancólica de esas que tan bien se les dan a Robert Levon Been y Peter Hayes. Lo malo no es que acaben acercándose a los terrenos de U2, sino que directamente en «Let the day Begin» firman una monolítica versión de The Call (banda liderada por Michael Been, padre de Robert, fallecido en 2010 en los backstages del festival belga Pukklepop) que es lo mejor que U2 ha hecho desde el Pop (1997, Island Records).

No importa que ahonden en terrenos íntimos («Returning» o la Beatleniana «Lullaby«), de hecho el disco incluye textos de dolor y pérdida por la fatal muerte del señor Been, porque más adelante tienen preparado todo un arsenal de trallazos para los amantes de la distorsión crujiente y espesa («Hate the Taste«, «Rival«, «Teenage Disease«). La pena es que suena a lo que suena (no va más allá del hard-rock de Nirvana) sin mordiente ni un ápice de alma, todo tan pulcramente potenciado que suena artificioso y prefabricado. Suena a rock, puede llenar estadios pero a nosotros lo que nos gusta es… otra cosa.

Destacan entre tal cantidad de pastiche la delicada y bella «Sometimes the light«, propia de los Spiritualized más ambientales, o el gospel «Some kind of ghost«, siguiendo la senda tradicional de Howl. También afinan una vez más con los pedales encendidos en la nocturna y peligrosa «Funny games«, lo más cerca que están de lo que una vez fueron.

Para el final se reservan un par de balas al corazón. Una «Sell it» oscura e hipnótica que parece apuntar a mucho más de lo que finalmente consigue y la balada «Lose Yourself«, tan azucarada, larga y previsible en su épica melancólica que cuando acaba el disco servidor casi respira agradecido.

Resumiendo: Escuchen y si les gusta adelante, sino hagan como yo y pónganse el nuevo de los Black Angels, que esos no han dado una puntá sin hilo todavía.

Let the Day Begin 

Texto e Ilustración por Zorro de la dehesa.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error: Content is protected !!