Desde aquella cassette con Knock Knock -1999, Drag City- bajo el epígrafe de Smog (a medias con el Wrong-eyed Jesus! de Jim White en la cara b) los discos de Mr. Callahan han ido desfilando religiosamente en el equipo de mi coche. Sus taciturnas y melancólicas canciones de intrincadas estructuras han sido perfecto cómplice de trayectos, pequeños y largos.

Quizá sea porque coches y carreteras, aves y ríos forman su imaginario, de evidente espíritu nómada. Títulos como «I Could Drive Forever«, «Driving«, «A River Ain’t Too Much to Love«, «Butterlies Drowned in Wine«, «Feather by Feather«, «Sometimes I wish we were an Eagle«, «From the River to the Ocean«, «The Wheel» refrendan su obsesión general por una constante huída hacia adelante, ya sea por tierra, mar o aire.

Este Dream River vendría a cerrar una brillante trilogía totalmente en racha como Bill Callahan, quedando fuera el ecléctico y juguetón Woke on a Whaleheart -2007, Drag City- (disco bisagra entre 2 eras, ahora ya bien diferenciadas), pero no porque desmerezca respecto a los demás, todo lo contrario, es uno de sus discos más disfrutables, sino por hallarse en coordenadas sonoras bastante lejanas. Si en sus primeros discos oíamos a un Callahan subcutáneo oculto tras capas de pistas de baja fidelidad, con el tiempo su voz de barítono ha florecido hasta ocupar el primer plano de unas canciones preclaras aunque de tono brumoso. Una voz que, escuchada de cerca, con cascos, suena imponente y profunda como una cueva.

Canciones como el reposado pasaje inicial «The Sing«, adulta reflexión de verso firme y espejo de contradicciones con poso triste, la circular y rítmica «Javelin Unlanding» o las espectaculares «Spring» (con su explosión orgásmica de guitarra y flauta «All i want to do / is to make love to you«) y «Ride My Arrow» (perfecto ejercicio de tensión en compás de 6×8 con congas incluídas) sacuden cualquier sospecha de un plumazo. Dream River es la perfecta continuación al genial Apocalypse -2011, Drag City- (ensayo sobre unos EE.UU. en ruinas) donde, como en aquél, recurre a arreglos de flauta o violin y, sobre todo a un uso efectivo de las guitarras (cortesía de Matt Kinsey) para vestir lo que sin duda es uno de los cancioneros más apabullantes y seductores de la música americana hecha para la corta distancia.

Spring

Texto e ilustración por Barce.

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