Morning Phase, disco del año para esta casa, se editó el pasado mes de febrero. Se trata del duodécimo Lp en la ecléctica e irregular carrera de Beck, con el que regresaba a la primera línea de acción y recuperaba la inspiración tras 6 años de idas y venidas desde su anterior, Modern Guilt. El contenido de este jugoso artefacto se fraguó en múltiples sesiones entre Nashville y Los Ángeles, con paciencia y mimo, sabiendo que entre manos tenía un album con potencial, un conjunto de temas que necesitaban del cuidado y el tiempo que hoy en día ya no se le otorga a la mayoría de grabaciones.

Comparado por la crítica con el dramático y lánguido Sea Change, comparte ese mood afligido y perezoso, protagonizado en primera instancia por la voz y la acústica y arropado por pianos, cuerdas y sintetizadores, pero suena menos afectado y sobreproducido que entonces. Contiene una secuencia de canciones apabullante: «Morning«, «Heart is a drum«, «Blue Moon«, «Unforgiven«, «Wave«, «Blackbird chain«, «Turn away«, «Country down«…  Temas que nos devuelven al Beck de las sombras, al Beck confesional, arrepentido, emocional y físicamente herido (sufrió una lesión de espalda en estos últimos años), al Beck que clama por un amor perdido y busca refugio en las canciones de corte íntimo.
Al margen del mojo festivo que destilaba hace más de una década y que parece obstinado en no volver, este es mi Beck favorito.

Puede el receptor creérselo más o menos, el preciosismo en los arreglos y en la cálida producción quizá jueguen en contra de una honestidad espontánea, pero uno no puede negar el sentimiento de tristeza y desolación que transmiten sus surcos. ¿Quién no ha sentido alguna vez al despertar esa incapacidad para renacer y dar carpetazo al pasado? En «Morning» no hace falta entender una palabra para revivir esas amargas sensaciones:

I’ve gone all around ‘til there’s nothing left to say
Wrote it all down into something that couldn’t be said
I tore it all down and buried me underneath the wave

Can we start it all over again, this morning?
I lost all my defenses, this morning
Won’t you show me the way it used to be?

En «Blue Moon«, bella balada que crece y cala desde la soledad sugerida por el amplio eco de su voz, nos canta directamente «Estoy tan cansado de estar solo, estos muros penitentes son todo lo que tengo«. O la oscura «Wave«, tan estremecedora o más con unas gotas de alcohol en vena, donde de nuevo su voz reverbera hasta el infinito, sola en el universo, bañada por unos violines y chelos que parecen ser las olas en las que trata de ahogar el dolor, pero que por mucho que le pasen por encima no consiguen ayudarle a mejorar su estado de ánimo (repite en mantra «Isolation, isolation, iiiiiiisolation….«).  Ambos cortes fueron interpretados en vivo por Hansen en el popular Late Night de Letterman con nuestro admirado Josh Tillman (Father John Misty) a los coros.

Y así podríamos seguir con cada corte, describiendo cada una de las viñetas que se evocan en nuestro interior con una facilidad pictórica que hacen del disco un album de fotos exquisito de la bajona, argumentando el talento de este hombre para captar emociones y blablabla… pero paso. Solo diré para terminar que por mucho que disfrutemos el hedonismo y la frivolidad del rock and roll siempre necesitaremos de cómplices como este Morning Phase para recrearnos en nuestras penas, sentir que hay quien nos entiende y salir del escollo con toda la mierda mejor digerida.

Blue Moon

Texto e ilustración por Zorro de la dehesa

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