Recién sacado del horno, ya tenemos aquí Mirage Rock, el 4º disco de la banda de Seattle, y pocas cosas han cambiado: la portada presenta otra vez una imagen paisajística y la misma tipografía clásica con el nombre de la banda al frente. Pero lo más importante es que se trata una vez más, y ya van 4, de un gran disco. Enérgico, con bonitas melodías y excelentes canciones.

Hace un par de años editaban Infinite Arms con Sony y, para tranquilidad de sus fans, el salto a una multinacional no supuso en su caso renuncia alguna a su modus operandi. Prueba de ello es que aquel disco lo guisaron ellos solitos y el resultado no defraudó a nadie. En este caso, reclamaron a Glyn Johns a los controles por razones obvias: Bob Dylan, Beatles, Rolling Stones, The Band, The Who, Led Zeppelin, The Clash… Y no solo no han sucumbido a la presión de grabar con alguien de la talla de Johns, sino que su personalidad, a juzgar por lo oído, se ha visto reforzada. Y eso que el líder Ben Bridwell afirma haber vivido momentos de verdadero pánico mientras esperaba sentado la caza de musas que alumbraran el nuevo repertorio.

El single de adelanto, «Knock Knock» sin ser una cosa del otro jueves, no parecía esconder sorpresas. Y así es. «How To Live» es la segunda canción del disco y cuando empieza a sonar ya sabes por donde van los tiros. Mirage Rock es más de lo mismo, y cuando hablamos de mierda de la buena, me pregunto yo ¿por qué cambiar?

«Slow Cruel Hands of Time» es una preciosa y delicada pieza de dulce melancolía con un fantástico juego de 2 voces (la del teclista Ryan Monroe se acopla a la perfección a la de Ben), de esas que tan bien se le dan a los de Seattle y que igual que de ellos podría haber formado parte del repertorio de My Morning Jacket. «A Little Biblical» es un claro ejemplo en el que siguen a pies juntillas el manual del buen hacer del power-pop. «Dumpster World» es un maravilloso entrante folk con sabor a costa oeste via CSNY o America que empareda un brutal arrebato eléctrico, lástima que dure tan poco. La mano de Glyn Johns se percibe clara y meridiana en «Electric Music«, que es adrenalina pura con explícito guiño a los Stones incrustado, pero sin perder un ápice de la personalidad de la banda, jugada de esas que solo salen bien si estás seguro de lo que haces. «Feud» es una bomba guitarrera que conciliará a aquellos fans de la banda que, a estas alturas de disco ansíen más mordiente y velocidad, un jitazo con todas las de la ley. Qué decir de «Long Vowels«. Pues que parece extraida del Comes a Time del tito Neil, por cuanto tiene de preciosa balada country mecida por ese delay que simula la Pedal Steel Guitar. Además, como ocurriera en el anterior disco, la banda ha participado activamente en la composición de gran parte de las canciones, muestra de que, como comprobamos en el Azkena 2011, la maquinaria está engrasada. De hecho, hasta el larguilucho Tyler Ramsey se anima a poner su voz, a medias con Ben, en «Everything’s gonna be undone» y en la espectacular «Heartbreak On the 101«, canción con la que termina el LP.

Cada día queda más lejano pues el recuerdo de esa banda que me recordaba a Built to Spill y hoy no es difícil adivinar que Band of Horses pueden estar ante su momento. A mi juicio, otros como Dr. Dog o The Shins han tenido este año una oportunidad similar y han errado el disparo. Pero ellos, con Mirage Rock tienen el viento a favor. Tienen un repertorio, ahora mayor, incontestable y con el que armar un par de horas de directo sin despeinarse, tienen el aprecio creciente del público y prensa y para colmo hasta parecen majos los jodíos.

Knock Knock

Texto e ilustación por Barce

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