Si hablamos de Arizona nos viene a la cabeza el estado americano donde abundan los cactus y los ya añorados triples de Steve Nash en el antiguo Arizona Memorial Coliseum ahora US Airways Center, o lo que es lo mismo, algo que te saca una tímida sonrisa de calma contagiada de alegría por su buen gusto. Si hablamos de Baby nos sugiere algo joven, nuevo o alegre lleno de ilusión.

Como el Estado del gran cañón, tejanos y pintorescos se presentaron los Arizona Baby el pasado sábado 20 de Octubre en el auditorio de la Universidad Carlos III de Leganés, amparados por el ciclo Generator de música independiente. En un coqueto auditorio, generoso y entregado con más de 400 personas, de excelente acústica campaban a sus anchas los alegres Baked Beans in Tomato Sauced Brothers, que poco más hay que añadir ante semejante alarde de creatividad enunciativa. Con dos guitarras, banjo, batería y contrabajo mostraban sus dotes sureñas al más puro estilo de banda sonora de película californiana.

En un ambiente bailongo se despidieron «los hermanos de los frijoles horneados en salsa de tomate» para dar paso al juramento eterno del nuevo disco de Arizona Baby, The Truth, the whole Truht, Truth and nothing but the Truth, que como un bólido tuneado de buena música siempre escoltado por el sobresaliente sonido de la guitarra del «señor marrón» (Rubén Marrón) y la percusión y coros de Marcos Úbeda, empezaron a levantar las primeras sonrisas de ajonjolí en las butacas del auditorio y en los que estaban sentados también.

La presentación de «la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad» sonaba acompañado de una cinematográfica pantalla con proyecciones primas hermanas de la música que sonaba. Entre otras sugerentes representaciones, imágenes de la espléndida Defensa del rompehuesos Burt Reynolds o la admirable Into the Wild de Sean Penn y Steve McCanddles o Alexander Supertramp, que por momentos harían dudar al mismo Eddie Vedder por lo bien que se fusionaban con la música de los vallisoletanos.

No faltó la lógica dedicatoria a sus «compadres» los Coronas: «la banda más vieja de Europa de surf instrumental«, apuntó Vielva, que se atrevió con jocosas bromas como que «la furgo no anda sola, les espero en la zona de Merchandising«, » no ganamos mucha pasta pero hacemos buenos amigos» o «esperad que me beba un trago de zumo de talento» al empinar una Mahou de las verdes.

Arizona Baby son sinónimo de música esplendorosa, alegre y que invita a mover el culito en la butaca, que a veces no te explicas por qué carajo se montan estos cachondos conciertos en semejante panorama de caché. Una velada sureña que tuvo de todo, guitarra que no sonaba al principio, rotura de cuerda posterior, monólogos y risas propias del club de la comedia y hasta homenajes a Willie Dixon and friends con «This is the End”.

Una actuación como Dios manda o como según el monologista Vielva «Little Richard manda«, que se atrevió a interpretar «Lucille» e invitar a todos los presentes a que bajaran a orillas del escenario, cosa que no le gustó mucho al acomodador de auditorio que nos devolvió del bofetón a todos a los asientos.

Arizona Baby, un grupo de Valladolid que respira aires tejanos y que brindan rock and roll por todos los costados como demuestra su “Shiralee» con el que cerraron un concierto que dejaba un meloso y sureño sabor de boca, de ensalada pucelana tropical y fresquita.

Texto por Edu Viera. Ilustración por Barce.

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