El sello barcelonés Foehn Records goza de un excelente estado de salud más de una década después de su nacimiento (hablamos de calidad, las ventas por suerte nunca fueron su obsesión). Tras unos orígenes especializados en la escena post-rock local la marca fue ampliando sus horizontes, no solo estilísticos, hasta el punto de tener actualmente uno de sus mayores centros de acción en Sevilla. Así pues, I Am Dive, Marina Gallardo y Tannhäuser conforman la facción sureña del catálogo (sin olvidarnos de Úrsula, pioneros del slowcore nacional, y Blacanova, actualmente en El Genio Equivocado) y suponen una garantía de futuro, por talento y personalidad, demostrando que hay vida posible más allá de Madrid y Barcelona.

Además, estos tres proyectos pasaron este año por los Estudios La Mina del prolífico Raúl Pérez y vieron editados sus nuevos trabajos casi simultáneamente a primeros de noviembre. Cada uno de ellos con un estilo propio bien diferenciado pero con suficiente en común como para considerar razonable agruparlos en una reseña compartida.

GHOSTWOODS,  I AM DIVE 

El debut de Esteban Ruíz y José A. Pérez en formato largo llega un par de años después de su formación, con su propuesta más que asentada entre las nuevas realidades del indie nacional y, a diferencia de la mayoría, con mucho camino previo recorrido. Su sonido ha cristalizado después de mucho rodaje en directo, ensamblando sus piezas sin prisa, suavizando matices, afinando virtudes y habiendo conseguido grandes resultados pese, o gracias, a su formato de dúo (escuchen sus EP’s Fall, Tide o Constellations). Lo hace ofreciendo ahora suficientes argumentos como para vaticinar grandes éxitos y frutos a recoger en corto plazo.

Que Esteban siempre ha tenido un don para la melodía no es algo que vayamos a descubrir aquí, el músico hispalense tiene suficiente bagaje detrás como para permitirse presentar sus canciones con solo una acústica, de hecho en sus anteriores proyectos no era difícil intuir su querencia por los ambientes lánguidos y reposados. Sin embargo, fue necesario cambiar de idioma con su banda de origen The Baltic Sea para que este cancionero se hiciera hueco desde la intimidad de una habitación y creciera después hasta límites que seguro ni él mismo sospechaba en su día. Por otra parte es imposible entender el sonido actual de I Am Dive sin la presencia del Ex-Blacanova José A. Pérez, amante de las atmósferas y texturas del space-rock, el dream pop y el shoegaze más militante, que se encarga de adecuar el paisaje oportuno en cada canción, de trazar el puente entre el folk de cámara y el score digital utilizando una pedalera cargada de efectos y unas cuantas teclas tocadas con tino.
Ghostwoods es un recorrido por el subconsciente colectivo, perezoso, bello y amargo como un puñado de recuerdos ocultos detrás de un álbum de fotos inexistente, donde el dolor y la felicidad se entremezclan haciendo difícil diferenciar si proceden de un atardecer desde campo abierto o una noche fría y oscura en la claustrofóbica ciudad.

THIS IS THE SOUND, MARINA GALLARDO

Para su tercera grabación, Marina Gallardo decide cambiar la producción de Paco Loco por la de Raúl Pérez,  el cual también formó parte de su banda hasta hace no mucho, y parece haber quedado más que satisfecha con el resultado final a juzgar por el título del disco.
Realmente, This is the Sound como nombre no da pistas sobre su contenido pero sí que parece sugerir un par de verdades que se desprenden de su interior tras varias escuchas. Es la reafirmación de Marina como artista, esquiva y experimental, en pleno proceso de búsqueda ya no tanto de un sonido o unas formas, sino más bien de un fondo, de una razón de ser como escritora de canciones, y por extensión, de un sentido a la vida misma. Eso no significa que no se pueda disfrutar del trayecto, ya que pese a incluir unos textos bastante jodidos y existencialistas ( «The War Inside», «Going to die», «Funeral»), el escenario sobre el que se desarrolla la acción es misterioso y extrañamente arrebatador, encantador en su repetición, en sus rutinas, en su vértigo a las expirales, las obsesiones, los miedos… hablo del sonido, claro.

La Marina dulce y agradable ha desaparecido, incluso en las piezas más pop se nota la amargura (preciosas «Tears» y «So Glad«) como telón de fondo. Y es que este es un disco lleno de contradicciones, quizá el más personal de su carrera y al mismo tiempo en el que más protagonismo cobra su banda, que cuanto más se aleja y pervierte el blues más triste suena. Tanto pueden recordar a Nick Cave, Kurt Vile, como al Kraut-rock o los Beach Boys, y a ninguno de ellos a la vez. El caso es que no importan etiquetas o referencias, tenemos delante un disco más de sonidos que de canciones, con infinidad de capas y detalles por descubrir a cada escucha, más disfrutable cuanto mayor es la sombra que proyectan sus surcos («Recurrent Dream«, «Going to die«).

VOCES, TANNHÄUSER

En Voces, el cuarteto instrumental Tannhäuser consigue mantener firme su pulso con/contra el post-rock. No puedo negar que esta música ha formado parte de mi educación musical (¿?), todo estará inventado o por inventar pero he de reconocer que algo no necesita ser nuevo si tiene alma y emociona, y esto es lo que me sucede con el single «Godzilla» que abre el disco. Igual tiene algo que ver, no sé, que juraría haber despertado escuchando esa canción en bucle tras una intensa e inolvidable noche de primavera. Que me digan lo que quieran, tal maestría y elegancia en el arte de la repetición no está al alcance de cualquiera y hacen a uno recibir la nueva entrega de la banda con las orejas abiertas de par en par. 

Quizá en este disco hayan perdido cierto matiz jazzístico pero no hay problema,  por contra consiguen dominar a la perfección las cadencias rítmicas y ahondar más esta vez en las lecturas del kraut-rockMatic«, «Error y culpa«). Mantienen intacto el diálogo entre las dos guitarras y hacen sabio uso del delay, del overdrive o el e-bow, su fuerte se basa en el tratamiento de estas herramientas, sin efectismos ni tópicos cambios de intensidad. Tannhäuser le dan importancia a la forma sin olvidar que la base debe valerse por si misma, y en su caso la materia es gris como el paisaje que ilustra su portada. Planeadores, intensos, fríos, cortantes según toque, todo es cuestión de tacto en un estilo en el que lo más fácil es caer en la autocomplacencia y el tedio. Por otra parte, remansos como «Ártica» se hacen más bellos y placenteros entre tan angulosos dibujos topográficos, y si despiden el lote con cumbres como «Ondina» es imposible negar que el viaje ha merecido la pena.

 

Texto e ilustración por el Zorro de la Dehesa, color por Barce.

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